Buena parte de la ropa que usan los cordobeses es confeccionada en talleres ilegales donde se explota a los trabajadores. En la ciudad de Córdoba, barrio Alberdi es el corazón del problema.




–A ver... dejame contar. Una, dos, tres... Creo que solamente tres.
La secretaria General del S indicato Obrero de la Industria del Vestido y Afines cuenta con los dedos y cuelga la mirada pensativa en el techo de su oficina sin ventanas, en el centro de la ciudad de Córdoba. María del Carmen Ponce dice que sólo tres. Que apenas tres empresas fabricantes de ropa de la ciudad de Córdoba hacen las cosas bien y no avalan, de manera directa o indirecta, la explotación laboral que existe en los talleres clandestinos diseminados por los barrios de la Capital.
–Quizá sean cuatro... pero no más que cuatro.
La mitad de los empleados que trabajan en talleres textiles en esta ciudad se encuentra en negro. Y son muchos más que la mitad los que deben enfrentar situaciones muy alejadas de las que se consideran buenas condiciones laborales.
No se trata sólo de seres humanos que aceptan realizar un trabajo en circunstancias ingratas a cambio de una paga injusta, sino de un entramado 
más complejo, del que hoy se aprovechan muchas empresas textiles.
Lunita de Alberdi. Anochece en barrio Alberdi. Nadie responde al timbre en este portón gris, de rejas pintadas con antióxido y vidrios rotos cubiertos con cartones. Aunque no se la ve, la presencia de gente en el interior de este garaje largo y de techo bajo es una certeza. Se ve un resplandor, se cuela el eco de una radio, hay cierto calor, cierta vibración.
Los vecinos saben que acá funciona un taller. “Lo habían cerrado a principios de año, después de que la Policía hizo un procedimiento. Pero hace unas semanas lo volvieron a abrir”, cuenta el vecino de al lado, que sabe a qué hora encienden las máquinas, porque le baja la tensión de la energía eléctrica en su casa.
“El año pasado me cansé de denunciarlos a Epec porque estaban colgados. Ahora tendré que empezar a hacer lo mismo”.
Alberdi sigue siendo el centro de los talleres clandestinos cordobeses, porque en el barrio vive la principal mano de obra. La comunidad peruana instalada masivamente en ese rincón de la ciudad provee cerca del 90 por ciento de los empleados.
También se conoce la presencia de talleres clandestinos en los barrios San Martín, Güemes, Pueyrredón, Ayacucho y Villa Páez, pero más de la mitad continúan instalados en 
las manzanas nucleadas alrededor de la cancha del Club Belgrano.
Garajes y galpones. Este diario recorrió 11 domicilios donde, según ex empleados, gremialistas y funcionarios judiciales, funcionan o funcionaron hasta hace poco tiempo talleres en condiciones de clandestinidad. En general, se trata de garajes, pequeños galpones y viejas casas de familia que desde la calle lucen abandonados. En esos lugares, a veces inhabitables, los numerosos empleados de ambos sexos suelen compartir un mismo baño.
No tienen carteles que los identifiquen como lugares de trabajo, los números de sus domicilios están escritos a mano alzada con pintura o con tiza. Tampoco responden al timbre si no ven caras conocidas. La encargada de uno de los talleres, al 2600 de calle Santa Rosa, contó que trabajan para tres “primeras marcas” de Córdoba, a las que no quiso identificar. “Yo no puedo darle mi nombre ni decirle cuánta gente trabaja acá, porque vamos a tener problemas. Vaya y hable con los dueños de las empresas de ropa; ellos le van a poder decir cuánto pagan por este trabajo y las condiciones en que se hace”, señaló.
Otro de los talleres está frente al Cementerio San Jerónimo, y el paso constante de deudos disimula el movimiento de los empleados. Lo mismo ocurre con otro que ocupa un departamento en un sector muy transitado, frente a la tribuna del Club Belgrano. Otro funciona en un garaje hundido hacia el centro de la manzana, en calle Deán Funes, de Alto Alberdi. Otro, en calle Laprida, en cercanías de la Secretaría de Trabajo de la Provincia; otro, en un galpón de calle Santa Rosa; otro, en una casa desvencijada de la bajada Julio A. Roca.
“Es como un primer trabajo cuando recién llegás a Córdoba”, cuenta María Magdalena, una peruana joven que llegó de Iquitos, en la zona amazónica de su país, y estudia Filosofía en la Universidad Nacional. Ella sólo duró unas pocas semanas en un taller ubicado a media cuadra del río Suquía. “Muchos llegan, no tienen trabajo y, hasta que consiguen hacerse de una red más amplia de amigos y conocer la ciudad, aceptan trabajar unos meses en los talleres. Yo lo hice porque me dijeron que así tendría obra social, pero el lugar era muy sucio, los turnos de trabajo eran eternos y el salario no justificaba el esfuerzo”.
Fácil de montar. La proliferación y el traslado de estos talleres textiles se ven facilitados por la simpleza de su montaje. En un fin de semana se los puede cambiar de domicilio y dejarlos listos para funcionar, ya que la maquinaria no va sujeta al piso ni a la mampostería. Entre dos personas pueden levantar una máquina. Con sólo dos máquinas básicas, que cuestan unos pocos miles de pesos, se puede instalar un taller: una máquina recta sirve para coser, y una máquina remalladora realiza las costuras.
Los talleres que hacen trabajos de mejor calidad incluyen otras máquinas más complejas y caras, como la pollareta, que cuesta unos siete mil pesos y que sirve para hacer pespuntes, especialmente en ropa interior y deportiva.
El fiscal federal Enrique Senestrari, quien el año pasado actuó en el caso por el cual se imputó y detuvo a directivos de la empresa Vitnik, expresó a este diario su convencimiento de que “acá el problema no son los dueños de los talleres, sino las marcas (de ropa) que los contratan en condiciones que los obligan a esa situación de clandestinidad”.
Senestrari dijo que desde el punto de vista judicial lo más complicado es demostrar la vinculación entre las marcas y esos talleres, porque “las empresas dicen que tercerizan producción, que la explotación laboral no la hacen ellas sino los dueños de los talleres. Pero eso suena a excusa, porque si una marca fabrica 50 mil prendas al mes pero sólo hace 5 mil en su fábrica y 45 mil afuera, se ve que esto es una pantalla usada para evitar decir que son las marcas las dueñas de hecho de estos talleres”.
Este diario intentó obtener el punto de vista sobre este problema en cuatro de las empresas cordobesas más mencionadas desde el gremio por su presunta vinculación con los talleres clandestinos. Todas son empresas que venden sus prendas en centros comerciales o en casas exclusivas de la marca. En todos los casos, pidieron el envío de un correo electrónico con la solicitud de información.
Sólo dos respondieron. En un caso, la marca dijo que no se pronunciará individualmente sobre el tema porque viene manteniendo conversaciones con otras empresas del rubro y prefieren emitir un comunicado conjunto. En otro caso, el dueño de la firma señaló no poder responder por estar preparando la presentación de la nueva colección de la marca.
Controles exigentes. La entrada en vigencia de la nueva ley de trata, que obligó al cierre de las whiskerías en la provincia, también afectó los controles en los talleres textiles, ya que las autoridades locales de Migraciones debieron concentrar sus recientes esfuerzos en el control de las mujeres extranjeras que ejercen la prostitución.
Mientras la situación actual de los talleres prosiga, en las vidrieras cordobesas se continuará exhibiendo ropa de marcas locales que fue producida en condiciones clandestinas, con personas obligadas a trabajar jornadas de 15 horas de lunes a sábado, en lugares precarios, y a recibir pagas que no representan ni la mitad de lo que por ley les corresponde. Como en los talleres asiáticos, pero con acento local.
Datos
Talleres. Funcionan en garajes, depósitos abandonados o casas derruidas en barrios cercanos al centro de la ciudad.
Inmigrantes. El 90 por ciento de la mano de obra es peruano.
Ilegales. La mitad de los empleados de estos talleres no están declarados.
Sueldos. Estos talleres explotan a los trabajadores, a los que obligan a trabajar en condiciones precarias e insalubres y a realizar turnos diarios de hasta 15 horas.
Marcas. Según denuncia el gremio del Vestido, las más conocidas marcas de ropa de Córdoba contratan talleres clandestinos. Las que no lo hacen son la excepción.

Leave a Reply

Subscribe to Posts | Subscribe to Comments

HISTORIA

UTC - ALAMEDA

UTC - ALAMEDA

RED NACIONAL ANTI MAFIA

Copyright © FUNDACIÓN ALAMEDA -Fundación Alameda- Powered by Blogger - Diseñado por Prensa Alameda