Lo conocimos hace diez años, aquel 8 de junio de 2002 cuando la asamblea del barrio recuperó el ex bar La Alameda para hacer funcionar alli un centro comunitario y de asistencia a los vecinos más necesitados. Además de periodista, era vecino y vivía a pocas cuadras de Lacarra y Directorio. Volvimos a verlo con el móvil de 26 en muchas oportunidades más, en los momentos más duros de la Alameda, cuando teníamos el desalojo encima y luchábamos por la expropiación. También lo cruzábamos en alguna plaza del barrio o por la calle y siempre hablábamos de los problemas del barrio o noticias de la Alameda que él escuchaba con interés. 
Luego de la expropiación, hacia mediados de 2005 comenzamos a denunciar los primeros talleres clandestinos que trabajaban para grandes marcas en el barrio, cuando muchos medios vacilaban en publicar esas noticias porque las marcas involucradas aportaban pauta publicitaria en muchos de sus programas. Gustavo peleaba en el 26 para que siempre hubiera espacio para mostrar cómo estaban explotando a los costureros, cómo se estában enriqueciendo las marcas a costa del trabajo esclavo. Su rol junto a otro puñado de periodistas de otros medios, fue clave para comenzar a instalar en la agenda pública el drama de la esclavitud en la Argentina.
Después llegó el dramático incendio del taller de Luis Viale en el 2006 y el tema se masificó. Entonces encontrabamos a Gustavo más seguido en la puerta de los talleres que denunciábamos, entrevistando a costureros que habían sido liberados o en las puertas de los locales de las marcas top que se beneficiaban de esa explotación.También lo vimos desde el 2008 en el campo, denunciando la explotación infantil en una empresa avícola de Pilar donde un niño fue víctima mortal del trabajo esclavo y luego en los prostíbulos donde se esclavizaban sexualmente mujeres.
Y en cada encuentro, el preguntaba, se interesaba por el tema, volvía a llamar a la Alameda preguntando y preocupándose por las victimas.  Su interés iba más allá de su labor periodística y mostraba ese costado humano solidario y comprometido con la noble causa de la lucha por la libertad. A veces cuando terminaba su trabajo o en un día franco, se pegaba una vuelta, tomaba unos mates con nosotros y se interesaba por las denuncias que recibíamos y por ver como se le daba difusión en su medio o en cualquier medio donde fuera posible sin ningún tipo de mezquindad o egoismo. La Alameda se fue encariñando con él y él con la causa de la Alameda hasta que de a poco se fue convirtiendo en uno de los nuestros.
En el video de homenaje que le hicimos hace pocos días hay un reportaje reciente en su casa donde Gustavo admite le gustaba la causa de la Alameda, que anduvo averiguando quienes éramos para asegurarse que no había nada raro y que al final termino militando y haciendosé carne de las causas que impulsábamos contra la trata de personas. Fuera de su labor periodística, Gustavo participó en desfiles solidarios convocados por la Alameda para publicitar No Chains, la marca global y libre de trabajo esclavo que construímos con otras cooperativas de costureros del otros países y de la reinauguración de la marca Lacar, recuperada por sus trabajadores. También asistió a otros eventos de la Alameda, sin móvil y sin micrófono, simplemente porque se sentía a gusto con las causas que impulsábamos. Se hizo amigo de varios compañeros de la Alameda que también eran vecinos suyos y en nuestro local ya lo queríamos como uno más y a nadie extrañaba su presencia con o sin micrófono. Hace diez años que lo conocíamos.
El día que murió nos inundó una tristeza enorme y la Alameda se paralizó. Se nos fue un amigo, compañero y vecino. Un buen tipo que se jugaba más allá de su profesión por una causa tan dura como la lucha contra la trata y la esclavitud. Que realmente lo vimos conmoverse muchas veces cuando el móvil se apagaba como nos conmovíamos nosotros ante el sufrimiento de las victimas de la esclavitud. Que estallaba en carcajadas como nosotros cada vez que al menos lográbamos poner al descubierto a un afamado explotador y denunciarlo. Que siempre tenía opiniones o sugerencias para que mejoráramos nuestro trabajo. Que solíamos charlar apasionadamente de las próximas denuncias a veces hasta en el arenero de la plaza que estaba a tres cuadras de la Alameda donde solía llevar a sus hijas.Y era como nosotros hasta en lo personal, porque Gustavo tenía talento para ser muchas cosas en el ámbito periodístico, pero siempre amó estar en la trinchera, en donde se discute con la verdad en un mano a mano y sin intermediarios y donde esa pasión por la verdad nunca se burocratizó, ni se acomodó a las conveniencias.
El día que murió a un compañero se le ocurrió que la sala de prensa tenía que llevar su nombre como una manera de reivindicar su compromiso y su memoria. El famoso y humilde sótano de la Alameda, esa especie de jaboneria de Vieytes donde se cocinaron más de 200 denuncias y un centenar de videoinformes, uno más explosivo que otro, por donde pasaron cientos de victimas de esclavitud sexual y laboral, donde vinieron infinidad de funcionarios y periodistas y hasta delegaciones internacionales, tenía que llevar su nombre. Y no hizo falta mucho cabildeo, a todos nos pareció que ese sótano que fue el cementerio de los elefantes para muchos poderosos, que ayudó a rescatar a tantas victimas, que instaló con crudeza en la agenda pública el problema de la trata y la esclavitud en la Argentina tenía que llevar su nombre y sólo hacía falta la autorización de su compañera Melina, para hacerlo realidad. 

Para la principal trinchera de la Alameda, el nombre de Gustavo Valenza, un hombre bueno, sencillo, de principios y de trinchera es el mejor nombre que podríamos haberle encontrado.Para nosotros, esa será la mejor recordarlo en el día a día con su curiosidad, su preocupación, su sonrisa y su optimismo de que siempre se puede hacer algo más para que el mundo sea mejor.

Este lunes 27 de agosto a las 18 hs los invitamos junto a su familia a participar de la sencilla ceremonia donde colocaremos una placa y algunos cuadros de Gustavo Valenza en nuestra sala de prensa que desde entonces llevará su nombre. 
   
La cita es en La Alameda, Avenida Directorio 3998, esquina Lacarra.

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