Cura tercermundista en el primer mundo y ex capellán de una cárcel donde se alojaban los jefes mafiosos, Dell’ Olio es famoso en Italia por impulsar la lucha no violenta contra el crimen organizado.


POR CLAUDIO SAVOIA CSAVOIA@CLARIN.COM

Sonríe casi sin abrir la boca. Y no deja de hacerlo aun cuando cuenta los estragos que causa la mafia en Italia, la astucia de sus jefes para desarrollar nuevos negocios y la necesidad de reenfocar la lucha contra ellos desde la educación, la conciencia ciudadana y la memoria de las víctimas de sus crímenes. Ese es el paradigma de Líbera, la red de 1.600 organizaciones civiles en nombre de la cual vino a Buenos Aires para participar del congreso antimafia que la fundación La Alameda organizó hace diez días.
¿Cuándo empezó a interesarse por las acciones de la mafia?
Fui capellán de una cárcel de máxima seguridad en el sur de Italia, donde estaban detenidos varios boss, los máximos jefes mafiosos. Ahí tenía contacto diario con ellos y traté de aprender cómo pensaban y cómo tomaban la experiencia de estar encarcelados. Aunque por supuesto es un castigo, ellos la transformaban en una prueba de virilidad: “soy hombre porque tengo veinte años de cárcel sobre mi espalda y nunca traicioné a mi organización”.
¿Qué más aprendió?
Giuseppe Piromalli, un boss calabrés de la Piana di Gioia Tauro –un puerto por el que ingresa mucha de la droga que entra a Italia– un día me dijo: “el diario sigue describiéndome como un horrible y cruel asesino, y no entiendo por qué. Soy dueño de dos edificios en el centro de Reggio Calabria –la capital de la región– que alquilo al ministerio de Salud”. Yo pensaba: este robó mucho dinero cuando estaba libre y ahora lo sigue haciendo desde la cárcel. Estamos financiando a unboss . Cuando con Líbera promovimos la ley para la confiscación de los bienes de los mafiosos, Piromalli lloró porque le quitaban los suyos.
¿La confiscación de sus bienes fue efectiva para reducir el poder de los mafiosos?
Sí. Fue impresionante escuchar a los boss detenidos decir que eso violaba un supuesto pacto entre ellos y el Estado, según el cual pagaban su deuda con la ley a través de la cárcel. “¿Por qué también nos van a quitar los bienes?” No estaban preparados para eso.
Pero la mafia sigue reclutando afiliados entre los jóvenes …
Sí. Cuando el boss de Palermo Pietro Albieri fue interrogado por el juez Alfonso Sabella dijo algo interesante. “En las aulas ustedes les enseñan a los niños y jóvenes que estén alejados de la mafia, y me parece bien. Pero cuando salen de la escuela necesitan un trabajo. Y ese trabajo no se lo piden a ustedes sino a nosotros”. Tenía razón. Los jóvenes tienen una deuda de por vida con quienes alguna vez los ayudaron a conseguir un empleo. Esta red de complicidad y negocios con el mundo de la política, de la economía y de la información es un rasgo distintivo de la mafia.
También hay lazos oscuros entre varios jefes mafiosos y altos prelados de la Iglesia, ¿no es así?
Sí. Está probado que en el Banco del Vaticano, el IOR, se lavó dinero de la mafia. Ahí los religiosos pueden abrir una cuenta, pero también pueden delegar los movimientos de dinero en terceros. Eso le abrió la puerta a los mafiosos. Y ese dinero no puede ser investigado porque es fruto de una ofrenda.
¿Qué quedó de aquella imagen cinematográfica del mafioso que usa traje a rayas y hace donaciones mientras manda a asesinar?
Esa caricatura fue superada. El poder de la mafia estriba en estar muy arraigada en su territorio de origen y al mismo tiempo hacer los negocios más sofisticados. En 1989, cuando cayó el muro de Berlín, el actual presidente del Senado –que era procurador adjunto en Palermo– interceptó la llamada de un boss a uno de sus afiliados que estaba en Bonn, a quien le decía “dejá lo que estás haciendo y andá ya mismo a Berlín del este, a comprar todo lo que puedas”. Era la conquista de un mercado nuevo. Lo mismo pasó en el 2001 en Argentina, que tiene un vínculo tan fuerte con Italia. La mafia era narcotráfico, tráfico de inmigrantes, de mujeres y de armas, pero nunca se mencionaba el lavado de dinero. Y en Italia, como en Argentina, los que son investigados y condenados por este delito son pocos.
¿Cómo es la relación entre los mafiosos y los empresarios?
Estamos en un momento muy especial y peligroso: frente a una mafia globalizada hay una crisis económica y financiera generalizada. Los mafiosos, con fabulosas sumas de dinero negro que busca entrar en la economía legal, tienen el problema opuesto al de los empresarios, que no pueden obtener créditos para mantener sus negocios.
¿Hay negocios preferidos por los mafiosos para invertir su dinero?
El tradicional es la construcción, pero por ejemplo en Alemania los servicios secretos descubrieron que la Ndrangheta –la mafia calabresa, hoy la más poderosa del mundo– invirtió dinero en la poderosa empresa rusa de energía Gazprom, que provee a muchos países europeos. Fue alarmante para los alemanes enterarse de que la mano de la mafia está detrás de la energía que consumen todos los días.
¿Hay estimaciones sobre el monto de dinero que mueve la mafia?
Nadie da números, porque no estamos seguros de nada. Pero el presidente de la Comisión parlamentaria antimafia dijo el año pasado que N’Drangheta, Camorra y Cosa Nostra –las tres grandes organizaciones mafiosas del país– “facturan” 150 mil millones de euros por año sólo en Italia.
¿En algún momento histórico la mafia fue más controlada?
Nunca. Cuando no lograron infiltrarse hicieron pactos, o pasaron a las amenazas y los asesinatos. Cuando no se asesina, como en este momento en Italia, significa que los negocios van bien.
¿Pero no hubo siquiera avances?
Sí, claro. Después de 1992 –cuando fueron asesinados los jueces antimafia Giovanni Falcone y Paolo Borsellino– hubo tres factores clave en la lucha contra los mafiosos. El primero es el fenómeno de los arrepentidos, que nunca se había visto. Ellos contaron detalles sobre cómo funcionaban sus organizaciones, pero nunca hablaron de su vínculo con los políticos. “Eso sí que es muy peligroso”, decían. El segundo factor es la aplicación de la tecnología a las investigaciones, en particular las escuchas telefónicas y ambientales. El tercero es golpear a la mafia en su economía. Hay que profundizar este camino.
¿Cómo fue la creación de la red Líbera, en 1995?
Hasta entonces se pensaba que la mafia sólo se podía enfrentar con la represión. Nosotros decimos que a largo plazo también se la puede combatir con la educación, con una nueva conciencia de la responsabilidad de los ciudadanos en esa lucha y con la formación de los estudiantes. Empezamos a contactar a organizaciones que estaban trabajando en educación, en cultura y en medio ambiente, nacionales y locales. Y ahora somos 1.600. Cada una sigue haciendo lo que sabe. Por ejemplo, tenemos algunas que hacen teatro, y que en sus obras incluyen algún mensaje para crear conciencia sobre el daño que causa la mafia. Otra muy importante en todo el país, que se llama Lega Ambiente (La liga del ambiente), se especializó en investigar y denunciar los crímenes ambientales de los mafiosos: tráfico de basura, de residuos tóxicos y también radioactivos.
Lega Ambiente produce un reporte anual con todos los crímenes ambientales que causó la mafia.
¿Cómo se articulan organizaciones tan diferentes en una red?
Tenemos grupos formados por diferentes organizaciones sociales y culturales que funcionan como una especie de vigilantes de la legalidad. Ellos conocen sus barrios y ciudades mejor que nadie. Después hay una oficina de presidencia, con un equipo que trabaja en la formación, otro en la memoria –que es muy importante para nosotros–, otro en los bienes confiscados a los mafiosos, uno más que se ocupa de promover el deporte como medio educativo, una oficina legal que recibe denuncias anónimas y acompaña y asesora a las familias de las personas asesinadas. Además, funciona el departamento internacional que yo presido, porque nosotros decimos que como la mafia está globalizada también tenemos que globalizar la antimafia. Nuestro presidente es Luigi Ciotti, otro cura muy conocido en Italia.
¿Cuál es el rol de la memoria en la lucha contra la mafia?
Es una herramienta formidable de concientización. En Líbera, cada 21 de marzo celebramos el Día de la memoria y el compromiso. Hacemos un acto nacional y muchos otros en cada localidad, para recordar a las 900 personas que fueron víctimas inocentes de crímenes mafiosos. Participan casi 600 familiares de esas personas, y también alumnos de nuestros cursos de educación para la legalidad democrática. Ellos “adoptan” a una víctima desconocida y profundizan en su vida, en los motivos de su asesinato. Hay que ver la impresión que le causa a un chico conocer a los familiares de una persona asesinada por la mafia. Hay una literatura que resalta la imagen del mafioso; nosotros le contraponemos esta otra historia: la de una madre, una viuda, que cuenta cómo le destrozaron la vida. Es una experiencia muy fuerte, que sirve como terapia de choque para después ver qué puede hacer cada uno para mejorar el respeto de la ley.
¿Esa estrategia de vacunación democrática contra la mafia es acompañada desde el Estado?
Cuesta, pero a veces se logra. Carlo Della Chiesa, un carabinieri muy duro que en 1982 fue enviado a Sicilia como prefecto y lo asesinaron, decía que si seguimos permitiendo que la mafia dé como favor lo que el Estado debe garantizar como derecho, jamás la venceremos. Alguien que había sido educado en una cultura de represión terminó hablando de una antimafia de prevención, una antimafia social, que es lo que necesitamos para bonificar la tierra en la que la mafia busca actuar. Proponemos la vía no violenta de combatirla.
¿Qué papel tiene la Argentina en esa mafia globalizada?
Nuestros países tienen relaciones de todo tipo, buenas y no tanto. Según las noticias que tenemos, la Argentina es un país en el que a causa de estas relaciones culturales y hasta familiares se puede lavar dinero con un sistema de testaferros muy simple. No creo violar un secreto si digo que aquí trabajan agentes de la inteligencia italiana para interceptar la llegada de dinero mafioso. Pero me parece que hasta ahora no lograron muchos resultados.

 

Jorge Bergoglio, ese aliado que ahora se llama Francisco

Atraído por las historias sobre el arzobispo porteño que se mezclaba entre los pobres y era inflexible con la trata de personas y el crimen organizado, hace un par de años el padre Dell’Olio quiso conocer a Jorge Bergoglio. “Quedé muy impactado: era la primera vez que un cardenal, un arzobispo, hablaba con competencia y pasión de todas las cuestiones que a mí tanto me preocupan. En particular me hablaba de la corrupción. Yo no sabía lo que significaba la palabra coima, y él me enseñó. Al final, me dijo ‘ustedes en Líbera tienen a un aliado en el cardenal de Buenos Aires. Sigan haciendo lo que hacen’. Entonces yo ahora me agrando y pienso que tenemos un aliado en el Papa de Roma”, se ríe Tonio.
Cuando se le pregunta qué espera de su papado, no duda: “Imagino que seguramente tendrá una política exterior muy fuerte. Ya conocemos lo que hizo en Buenos Aires. Pero lo que falta es la reforma de la curia romana, del banco del Vaticano. Es comprensible que exista un banco de la Iglesia, pero tiene que ser ético. Esa va a ser la gran prueba del nuevo Papa. Tendrá enemigos, pero también mucha gente que confía en él”.
No es todo: “También habrá que ver qué posición toma con respecto a temas como el matrimonio homosexual o el aborto, que en Italia nunca se discutieron porque el Vaticano era un obstáculo. El Papa tiene una postura de ética católica según la tradición, entonces no sé si Italia podrá avanzar en el reconocimiento de derechos que para mí son normales en una sociedad laica. Son temas muy delicados. Creo que la Iglesia tiene que respetar la laicidad del Estado. Igual, como me decía un amigo de extrema izquierda: ‘tampoco podemos esperar que el Papa actúe como el secretario general del partido comunista’”.
Copyright Clarín, 2013
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