Gustvao Vera junto a Julio Piumato

Sus banderas son la lucha contra el trabajo esclavo; la denuncia a empresas textiles que tercerizan su producción en talleres clandestinos; los escraches a organizaciones mafiosas, comisarías, entes gubernamentales, empresarios, jueces y funcionarios; y el rescate de víctimas de la prostitución en prostíbulos. Ese es el compromiso de la Fundación Alameda.
 Nota escrita por Lauro Noro
Un antiguo bar tanguero le da su nombre. En donde hacen esquina la avenida Directorio con la calle Lacarra, frente al parque Avellaneda, en el barrio de Flores, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Fundación Alameda tiene su sede. Entre paredes tapizadas con afiches, pintadas y leyendas alusivas a su compromiso social, y en una sencilla oficina, Lucas Schaerer (31), periodista, encargado de prensa de la organización, recibió a DEF para hablar sobre el trabajo contra las mafias y la corrupción. “Todo comenzó en 2001 justo acá enfrente, como una olla popular en medio de la crisis política, económica y social que vivíamos entonces. Llegó el invierno, y como nadie nos daba una posibilidad de un espacio para alimentar a la gente, con más de 300 vecinos reflotamos esta casa totalmente abandonada, en ruinas y en manos de la mafia de la Liga de Rematadores. Más tarde y después de varias votaciones, el Concejo Deliberante la declaró de utilidad pública”, explica. La razón de ese espaldarazo fue que “la Alameda no solo empezó a funcionar como comedor comunitario, sino como una asamblea barrial para discutir y tratar de solucionar, a temario abierto, los problemas reales del barrio”. La consigna era simple: “Queríamos resolverlos de verdad. Por eso no nos casamos con nadie y podemos denunciar y escrachar a quien fuere en cualquier lugar del país”.
Lucas Schaerer
Lucas Schaerer
ESCLAVOS MODERNOS
Entre las muchas cuestiones planteadas, surgieron nítidamente la falta de trabajo y la cantidad de talleres clandestinos instalados en la zona. “Los mismos vecinos empezaron a denunciar ese submundo de esclavitud. Nos pusimos a investigar y detectamos que no se trataba de un solo tallercito que funcionaba detrás de la comisaría 40, sino de una red que manejaba la propia industria textil y cuyo 80 por ciento -dato comprobado y reconocido hasta por los propios actores-, está dedicado a promover el trabajo esclavo y a vivir de la trata de personas”, expresa.
-¿Y cómo los pusieron en evidencia?
-Nos infiltramos en esos lugares. Además, los mismos costureros esclavos que concurrían al comedor nos decían lo que hacían con ellos. Algunos hasta dormían en madrigueras de un metro por un metro donde estaban los colchones y a las que debían entrar casi agachados. Con esos datos hicimos las denuncias y los escraches populares a los poderes cómplices de esta situación.
-¿Quiénes estaban involucrados?
-Los responsables de un casi un centenar de marcas de ropa de primer nivel. En ese sentido, fueron muchísimas las denuncias que hicimos en la Defensoría del Pueblo y en distintos organismos investigativos y de trabajo, tanto de la Ciudad como de la Nación.
-¿Cuáles fueron los resultados?
-Con la incautación de dos máquinas textiles por vía judicial pudimos montar una cooperativa textil propia. Parte de esa maquinaria está en Formosa en manos de los aborígenes qom, a quienes capacitamos para que pudiesen manejarla.
-¿Esto les provocó alguna represalia?
-Sí, sufrimos varios atentados; el último, en 2009, fue muy fuerte y acá cerca cuando liberamos a una pareja de costureros. Los capataces salieron y a golpes lastimaron a unos cuantos compañeros. A Gustavo Vera, titular de la Alameda, le abrieron la cabeza y tuvieron que darle siete puntos de sutura.
-Y con el trabajo infantil, ¿qué hicieron?
-Fuimos a escrachar una granja avícola en Pilar de la empresa productora de huevos más grande del país. Tenía las cercas electrificadas y esclavizada a una familia con sus hijos pequeños. Estuvimos cuatro años comprobando el trabajo de los pibes. También nos llegaron denuncias desde Mendoza y hasta allí fuimos.

PROSTÍBULOS EN LA MIRASin embargo, el empeño fue más allá. Una vez que lograron vencer la época de la resistencia, como la denomina, “en la que ni el jefe de gobierno nos quería acá, ni tampoco los jueces y menos algunos vecinos, pasamos a la ofensiva contra la mafia. La cuestión era meternos en su panza y reventarla por dentro”, revela. Para eso, utilizaron cámaras ocultas e hicieron investigaciones a fondo.
-¿Cuándo y por dónde empezaron?
-En 2008 y con un prostíbulo muy pesado que funcionaba en las avenidas San Pedrito y Directorio. Un compañero se infiltró tres días como patovica y comprobó que había una menor esclavizada. Además, traficaban droga. Hicimos la denuncia, ningún juez quiso intervenir, y la comisaría, obviamente, tampoco, porque estaba muy implicada. Entonces, con tres diputados nacionales y miembros de otras organizaciones pateamos la puerta del lugar y sacamos a la piba. Todo quedó registrado.
-¿Cómo siguió la acción con los prostíbulos?
-Nos llegaron denuncias sobre los que estaban alrededor del Departamento Central de la Policía Federal. ¡Nada menos! Pensamos que si nos metíamos ahí íbamos a terminar en el Riachuelo. Somos valientes, pero no tanto.
-¿Cómo se las arreglaron para accionar?
-Con los compañeros del Movimiento de Trabajadores Excluidos (NdelaR: La nota apareció en nuestra edición anterior) le escribimos una carta al entonces arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio. Sabíamos de su disposición con los humildes, de su lucha contra las mafias y de su tarea con los curas villeros. Enseguida nos llamó y pidió entrevistarse con Gustavo y Juan Grabois, abogado de los trabajadores excluidos. Lo pusieron al tanto de la explotación de menores, de mujeres inmigrantes y de lo que pasaba con la policía. Le pidieron su apoyo porque sabían que los podían matar.
-Desde entonces, ¿cómo se dio esa relación?
-Cuando nos conoció y empezó a ver que esto no era “chamuyo”, fue incondicional. Y prometió celebrar una misa con nosotros. Pusimos fecha y lugar. Vino en colectivo con su maletín y la rezó en nombre de la Alameda. Lo mismo pasó con los cartoneros del MTE. En la homilía expresó algo que nos conmovió: “Ustedes están haciendo un trabajo que deberían hacer los católicos y que no lo hacen. Se están jugando la vida contra el trabajo esclavo, los traficados, el trabajo infantil y por los excluidos”.

LUCHA SIN CUARTELCon ese aval siguieron adelante. Pero no era “moco de pavo” meterse con la Policía. Casi lo pagan caro. “Cuando estábamos haciendo el escrache frente a la sede policial sufrimos un atentado. Teníamos una bandera que decía: “Con los policías honestos adentro y los corruptos afuera”. Quisieron prenderle fuego a nuestra sede. La causa siguió y empezamos a organizar distintos barrios como Constitución, Montserrat, Versalles y Caballito para lograr el objetivo”.
-¿Cómo sucedieron las cosas?
-En 2010, Nancy Miño Velásquez, empleada civil administrativa en la Central de Policía, vino a la Alameda y contó que dos años antes, cuando allí crearon la División de Trata, un comisario la convocó para una tarea especial porque sabía hablar en guaraní. La razón era obvia: muchas de las mujeres traficadas provenían del Paraguay y además, ella conocía el mundo de los prostíbulos porque en sus ratos libres vendía lencería en esos lugares.
-¿Cuál fue la táctica?
-Empezaron a infiltrarla, pero en lugar de hacerlo para favorecer a la justicia y terminar con la mafia, la utilizaron para sacar información que luego la Policía usaba para presionar a los proxenetas a cambio de sumas de dinero que evitaban sanciones y la clausura de los locales.
-¿Qué la motivó a no seguir con ese juego?
-A riesgo de su vida y asqueada por lo que veía, quiso decir lo que pasaba. Alguien le sugirió acercarse a la Alameda y así hicimos la denuncia. Estuvo 14 horas declarando en un Juzgado Federal. Vivió dos meses en nuestra sede con custodia de Gendarmería y Prefectura para que no la mataran los mandos a quienes había señalado.
-¿De qué manera siguió la causa?
-Fueron muy fuertes los datos que aportó porque conocía todos los peringundines de la Capital en donde se había infiltrado; incluso, de la provincia de Buenos Aires, el Chaco y Chubut. Con la protección del cardenal, quien la recibió, escuchó y apoyó, y de diputados de distintas bancadas, la reincorporaron a la Fuerza. Finalmente, cuando Nilda Garré asumió como ministra de Seguridad, la División de Trata fue disuelta gracias a su testimonio.

CAMINO COMPARTIDOEn diciembre del año pasado motorizaron la Campaña Nacional Contra el Trabajo Esclavo, junto con un sector de la CGT y la Secretaría de Derechos Humanos y de la que participaron sectores religiosos, partidos políticos de distinta gama, organizaciones sociales, todos juntos y más allá de sus diferencias. Van a colegios a dar charlas, a la Legislatura, a las iglesias, sinagogas y templos evangélicos donde hacen reuniones con curas, obispos, rabinos y pastores. “Los chicos se prenden mucho. La trata y desaparición de personas los impacta muy fuerte porque trabajamos con los dramas de todos los días y por eso les llega tanto. Y ven que todo lo que decimos con la boca lo mantenemos con el lomo y lo hacemos de verdad. Siempre con humildad y sin agarrar un mango”. Scherer cuenta su propia experiencia. “Hasta me metí en un taller clandestino cerca de la comisaría 43, adonde había muerto un chico por tuberculosis”. Y agrega, “nos conmueve lo que pasa, pero además de la bronca y de la indignación que tenemos, la canalizamos y ahí es donde también surge la alegría frente a los logros que obtenemos. Es como la pelea de David y Goliat. No somos nada, ustedes vieron dónde estamos. Esa es nuestra fortaleza”. No precisa cuántos son, pero sostiene que convocan asambleas en muchos barrios y por la red nacional en distintas localidades y ciudades como Olavarría, Avellaneda, Quilmes, La Plata y Rosario. “Nos movemos entre la Campaña Nacional Contra el Trabajo Esclavo, la Red Nacional Antimafia, que implementamos en abril de este año, el trabajo en los barrios, más la cooperativa textil con capacidad para más de 200 costureros y el mercado de economía solidaria de Bonpland 1660, que recuperamos, y donde martes, viernes y sábados hay emprendedores y productores con venta directa y sin intermediarios; y finalmente, las movilizaciones a las que viene gente a acompañarnos y se acerca al comedor y a las actividades de la Fundación”. Están relacionados con otras asociaciones como Esclavitud Cero, la Red No a la Trata, Un Techo para mi País y hasta diversos sindicatos.
CODO A CODOCon desbordante entusiasmo por la tarea que realizan, nuestro anfitrión describe la relación con los curas villeros como el padre Pepe Di Paola. “En las villas no solo funcionan talleres clandestinos sino que está metido el narcotráfico y hay mucha desaparición de mujeres. Nos llaman para que los ayudemos. También, con los sectores de la Iglesia que tienen los pies en el barro, como por ejemplo y de manera muy fuerte, la Pastoral de Migraciones, y con Marta Pelloni la monja que viene denunciando mafias, redes de pedofilia, tráfico de bebés, primero en Catamarca y ahora, en Corrientes”, recuerda.
-Bueno, pero hay que ser muy corajudos para meterse con estas cosas.
-Lo hemos hecho y hasta los vecinos se han animado a imitarnos. Hay mucha gente valiente en la Argentina, lo que pasa es que no se arriman. Nosotros la juntamos.
-¿No tienen miedo?
-La verdad es que sí. Decían que si nos metíamos con los prostíbulos terminaríamos en una zanja. Hace cinco años que los denunciamos. Y a pesar del atentado al que me refería, no pudieron con nosotros porque los mitos se derrumban cuando se los enfrenta con inteligencia y honestidad.
-¿Los quisieron sobornar?
-Uf, un montón de veces. Cuando hicimos la denuncia del prostíbulo de San Pedrito, el proxeneta fue a ver al dueño del taller donde Gustavo arregla su moto y le dejó un mensaje: “Decile al rubio que hay 50 lucas para él si deja todo en la nada”. Hasta aquí, en nuestra sede, han venido a tratar de coimearnos. No tenemos ninguna relación con la gente que denunciamos. Solo una vez lo hicimos con una firma de ropa muy importante pero con testigos (un rabino y un sacerdote) y en un lugar neutral.
-Finalmente, ¿cómo se financian?
-Con festivales, con la propia cooperativa textil, que funciona muy bien, y con distintas donaciones. El comedor recibe la mercadería del gobierno de la Ciudad.

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