La necesidad obligó a los cartoneros a recuperar de la basura aquello que podían convertir en sostén y sustento de sus vidas. Hoy esa necesidad se 
ha convertido en una virtud para lograr una ciudad sustentable.

http://www.elbarriopueyrredon.com.ar/notas/ano-2013/noviembre-ebvp-epopeya-el-alamo.php

Hace 10 años nacía la cooperativa de cartoneros del barrio

El Álamo, gestor de una epopeya

Por Ignacio Di Toma Mues

Hace diez años no existían ni la coqueta parrillita de Artigas y las vías, ni el parque de la estación, hermoso lugar para la recreación de todos los vecinos, ni la planta de tratamiento de residuos sólidos reciclables en Roosevelt y Av. de los Constituyentes.

Tres lugares que tienen en común, en su devenir histórico, el paso de los gestores de una epopeya en nuestro barrio: los cartoneros que crearon la Cooperativa El Álamo. La necesidad los llevó a hacerlo y de esa necesidad hicieron una virtud.

Crisis y cartoneros…

Villa Pueyrredón, a mediados del año 2002, al igual que otros barrios, se vio sorprendida con la aparición de los cartoneros que llegaban en el tren blanco. Iban pintando una acuarela de pobreza y marginación que a muchos porteños los espantó y asustó.

Llegaban en su mayoría de Campana, Zárate, Suárez, Benavídez y Maschwitz, con sus changuitos o carros armados artesanalmente. Su arribo primero produjo sorpresa ante una crisis que se hacía ver crudamente, luego solidaridad y más tarde la incomprensión de un sector del barrio.

Al atardecer deambulaban tratando de conseguir cartones o alimentos que ya no se iban a comercializar en los autoservicios, panaderías y verdulerías de la calle Artigas.

Un grupo de vecinos, dos veces por semana a partir de las siete de la tarde, se juntaba a compartir un mate cocido o una sopa con los cartoneros que esperaban el tren para emprender el largo regreso a sus casas.

Merendero, cuna de la cooperativa…

En agosto de 2002, en un predio ferroviario abandonado en Artigas y las vías (conocido como el ex lavadero), la Asamblea Popular armó un merendero, cuna de la futura cooperativa El Álamo. Este lugar se sostenía con las donaciones de los vecinos (yerba, leche, cacao, azúcar) y la colaboración de varias panaderías del barrio.

El merendero, un año después, se convirtió en la sede de una informal e incipiente cooperativa. Los cartoneros – rebautizados por la nueva legislación (Ley 992) como recuperadores urbanos – clasificaban los materiales y guardaban sus carros en este predio.

“Nosotros estamos pensando en armar una cooperativa. Organizados podremos pedir este lugar a las autoridades y así poder dejar nuestros carros y no tener que estar viajando con todo esto cada noche. Queremos tener una balanza donde cada uno pueda pesar los cartones y papeles, recogiendo lo suyo, pero nadie nos va a engañar” Francisco, cartonero, junio de 2003)

“Yo me llevo la bolsa que tiene papeles y si abro alguna, la vuelvo a cerrar, me llevo lo que sirve y listo. A veces hay compañeros que rompen algo, pero son la minoría. Lo bueno sería que todos los vecinos sacaran los papeles y cartones separados. Todos ganaríamos.” (Daniel, cartonero, junio de 2003)

Lo que en un principio fue un merendero, y luego un lugar de trabajo de los cartoneros, fue convirtiéndose de a poco en un asentamiento y el conflicto con los comerciantes y vecinos linderos estalló.

La inseguridad ya tenía culpables: los cartoneros del asentamiento de Artigas y las vías. Cada vez que había un robo no se hacían esperar los comentarios de algunos vecinos en las reuniones sobre prevención del delito que hacía el Gobierno de la Ciudad: “Fueron ellos, eso no me lo saca nadie de la cabeza… hasta que no logremos echarlos del barrio no vamos a tener paz”.

Cara y contracara de una realidad…

“Sé que para convivir tiene que haber reglas es por eso que armamos la cooperativa para organizarnos y no joder a nadie. Tengo 23 años y ya tengo la columna desviada por hombrear berenjenas desde los 12 años, siempre lo que hice fue laburar… yo también vivo en un barrio y no me gustaría que nadie me venga a poner un basural enfrente de mi casa, ni a palos” (Gastón, cartonero, septiembre de 2003)

La calle Artigas es, junto con la Av. Mosconi, la principal arteria comercial del barrio. El descontento de la situación era palpable, aunque no todos los comerciantes opinaban por aquellos días lo mismo.

La tensión fue en ascenso hasta que en marzo de 2005 un centenar de vecinos y comerciantes cortaron las vías del tren exigiendo el desalojo de los cartoneros, medida que llevó a cabo la justicia en el mes de junio, por un juicio que había iniciado TBA, la empresa concesionaria del ferrocarril.




Desalojo, lucha y afianzamiento de la cooperativa…

Barrer todo debajo de la alfombra, no es ninguna solución, y así pasó con el desalojo del ex – lavadero. Pasados los primeros días de desconcierto, los cartoneros, organizados por la Asamblea Popular de Villa Pueyrredón, se instalaron a la vera del camino de la ex playa de cargas del ferrocarril, lindero a la entrada de un corralón de materiales y el Centro Deportivo de la Iglesia Evangélica El Buen Pastor.

El lugar que ocuparon era del Estado Nacional y estaba en trámite su transferencia a la Ciudad para la construcción de un parque. Lo que siguió fueron dos años y medio de promesas y compromisos firmados e incumplidos por las autoridades porteñas, protestas vecinales, cortes de vías, petitorios firmados a favor y en contra de los cartoneros y reuniones infructuosas entre funcionarios y vecinos.

La cooperativa reclamaba un centro verde. Y tenía razón y legalidad su solicitud. La ley 992 los incorporó al servicio de higiene urbana y la ley 1.854 (conocida como de “Basura Cero”) establecía que debía promoverse la participación de cooperativas y organizaciones no gubernamentales en la recolección y reciclado de los residuos y especificaba que los cartoneros “tendrán garantizada la prioridad e inclusión en el proceso de recolección de los residuos sólidos secos y en las actividades de los centros de selección”.

A mediados del año 2006, integrantes de la Asamblea popular, el Centro Cultural Nunca Más y vecinos del barrio formaron un equipo de apoyo técnico de la cooperativa, que además recibía el respaldo económico y logístico de la Fundación AVINA.

También se va afianzando la colaboración entre las distintas cooperativas existentes en la ciudad, en especial con “El Amanecer de los Cartoneros” integrante del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE)

“El señor del puesto de diarios me recomienda a clientes nuevos. Quiero seguir trabajando con los compañeros de la cooperativa, pero no en estas condiciones. Este lugar no es el adecuado, a veces los vecinos se quejan, pero acá está fallando el Gobierno que nos prometió muchas cosas pero jamás cumplió” (Omar, cartonero, junio de 2006)

“Al principio me quería ir, soy una mujer grande y estar a la intemperie, con frío, con lluvia...pero me quedé para luchar. Ahora somos una cooperativa registrada y esto significa que el gobierno tiene la obligación de darnos un lugar” (Carmen, cartonera, junio de 2006)

“Gracias a este trabajo y a la cooperativa pude sacar a mi hijo más grande de la calle. Antes cirujeaba conmigo y no iba a la escuela. En la cooperativa asumimos, nos dimos cuenta, que los chicos no son para esto.” (Analía, cartonera, diciembre de 2006)

Fueron tiempos de lucha y aprendizaje. Cada vez que se conseguía un lugar se generaba un conflicto, que fluctuaba entre los reales intereses vecinales y las mezquindades políticas. Así sucedió con el predio de Pico y San Isidro Labrador, en el barrio de Saavedra.

Durante los meses de noviembre y diciembre de 2007 un grupo de vecinos se concentró en Artigas y la barrera pidiendo el desalojo de los cartoneros del predio donde se estaba construyendo el parque de la estación. Querían como única solución la erradicación de los cartoneros de la Ciudad de Buenos Aires.

Hasta llegaron a proponer que no se separe la basura y que se queme el papel y el cartón así “cuando no tengan de qué vivir se irán del barrio”. También se hizo alusión a los lugares de procedencia de los cartoneros “son de la provincia, que junten la basura allá”.

Camino a la Planta…

Finalmente, en abril de 2008, se logró el comodato del galpón de Av. de los Constituyentes y Roosevelt, propiedad del Ministerio de Derechos Humanos y Sociales de la Ciudad que lo cede a la Dirección General de Reciclado.

En noviembre de 2011 se inauguró oficialmente la Planta de Tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos Reciclables. Un inmueble de 800 metros cuadrados que posee dos enfardadores, una máquina clark, estacionamiento de carros, baños y oficinas para la administración, además de balanzas electrónicas y mesas para la separación y clasificación de los materiales recolectados.

Un año después, el 16 de noviembre de 2012, es presentado en sociedad el plan de gestión de la cooperativa El Álamo para la recolección, clasificación y comercialización de los residuos urbanos secos, en el marco del concurso público que había ganado.

La rúbrica de un convenio por cuatro años (el 2 de enero de 2013) con el Ministerio de Medio Ambiente y Espacio Público de la ciudad para brindar el servicio público de recolección diferenciada de residuos urbanos secos, es el corolario de una lucha de más de 10 años.

“La primera de las batallas se ganó: instalar en el barrio que hay que separar los residuos y romper con algunos prejuicios que en algunos sectores estaban muy arraigados”. (Alicia Montoya, responsable del equipo técnico de la cooperativa El Álamo)


Relocalización de la Planta de la Cooperativa

Al cierre de esta edición estaba en tratativas con el Ministerio de Ambiente y Espacio Público el traslado de la Planta de Tratamiento de la Cooperativa, localizada en la traza del futuro paso bajo nivel de la Av. de los Constituyentes y vías del ferrocarril Mitre y el consiguiente ensanchamiento de esta arteria.

La relocalización – a propuesta del Gobierno de la Ciudad y aceptada por la El Álamo – se haría en el inmueble ubicado en Av. de los Constituyentes 6259.

El Ministerio y la empresa AUSA (encargada de las obras de pasos bajo nivel en la ciudad) plantearon que es inminente el inicio de la obra del túnel, razón por la cual hay que operar el traslado y acondicionar el nuevo lugar actualmente bajo el dominio de Subterráneos de Buenos Aires.

“A pesar de nuestra disposición a colaborar, a la fecha aún no se firmó el convenio y por lo tanto, tenemos la decisión de no permitir el inicio de ninguna obra sin tener el convenio y sin el reacondicionamiento y adecuación del nuevo lugar y posterior traslado” aseguró Alicia Montoya, del equipo técnico de la cooperativa El Alamo.

cooperativa el alamo

“Usted nos conoce. Somos los que todos los días recogemos de su negocio, de su edificio, de su escuela o su domicilio los residuos reciclables que por ley todos estamos obligados a separar. Somos los que debimos vencer el prejuicio de muchos para poder organizar nuestro trabajo. Recuperamos casi 200 toneladas por mes de residuos reciclables que antes se enterraban en el relleno sanitario.

Ustedes y nosotros podemos. A pesar de todos los obstáculos, sabemos que juntos podemos hacer milagros y lograr por ejemplo, que en un pequeño galpón, con escasa tecnología y 100% propiedad de la cooperativa, se recicle más y mejor que en una empresa altamente tecnificada.”

Contacto: 4587-8109 | 4572-1102 
coopelalamo_adm@yahoo.com.ar


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