Esto publicó Infobae.com hoy martes 28: "La semana pasada sucedieron dos acontecimientos en el ámbito legislativo que dicen mucho sobre la credibilidad. Uno bueno y otro malo. El hecho malo ocurrió en Neuquén cuando su legislatura se blindó con un muro de ladrillos de 3 metros ¿Qué respondieron las autoridades? Que se trataba de un “cambio de diseño” ¿Acaso nos tomaron de tontos y pensaron que no nos íbamos acordar de los incidentes que se produjeron frente a dicha Legislatura durante el debate por el acuerdo YPF-Chevron en agosto de 2013? El hecho bueno lo protagonizó el diputado porteño Gustavo Vera, cuando informó por las redes sociales que donó la diferencia entre su sueldo de maestro y el nuevo sueldo que le corresponde como legislador al argumentar: “no estoy diciendo que se equipare hacia abajo ni proponiendo que los legisladores ganen 10.000 pesos, pero si el sueldo promedio de un porteño es de 4000 o 5000 pesos, los representantes no podemos cobrar seis o siete veces más”, por Guillermo Nanni.


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Credibilidad, lo que nos falta en Argentina



Hace unos días un amigo le preguntó a un empresario: “¿Cómo te va con los negocios en Angola?”, y este último respondió: “Bien, pero cada vez me cuesta más porque los angoleños ya no creen en los argentinos” “¿Por qué?”, preguntó el amigo. “Porque varios han sido estafados por nuestros compatriotas”, contestó el empresario.
Son famosísimas las palabras del ex presidente uruguayo Jorge Batlle que dijo hace varios años: “Los argentinos son una manga de ladrones”. Michelle Bachelet llegó a decir hace un tiempo: “Argentina tiene problemas de credibilidad como país. Su democracia no es robusta y sus instituciones no son fuertes. Tiende a vivir de crisis en crisis, en vez de perseguir políticas estables”.
La falta de credibilidad de los argentinos no es un tema exclusivo de los últimos tiempos, más allá de varias mentiras e irrealidades como las estadísticas del INDEC, el cepo cambiario y otros asuntos; todos hemos crecido en un ámbito de descrédito generalizado. Tan sólo mencionar las famosas frases como: “el que depositó dólares, recibirá dólares”, “síganme, no los voy a defraudar”, “El que apuesta al dólar pierde” y títulos en los medios como: “euforia popular por la recuperación de Malvinas” o “estamos ganando” (también en referencia a la guerra de las Islas Malvinas).
A los argentinos siempre nos costó ser creíbles, tanto interna como externamente. En términos de reputación y generación de confianza, somos un caso de estudio y ejemplo de lo que no se debe hacer. Nuestra credibilidad está por el piso actualmente, fenómeno impulsado por temas tan mediáticos como el no pago de la deuda externa o la expropiación de YPFRudiger Dornbusch, economista del Massachussetts Institute of Technology (MIT), definió que “Argentina debe importar la credibilidad perdida” al proponer que nuestro país alquile afuera la credibilidad que no tienen sus dirigentes. Pareciera un chiste del cielo, que haya salido de la Argentina un papa que goza de credibilidad a nivel mundial, como Francisco. Tal vez sea un mensaje o una señal que nos indica el camino que nos queda por recorrer.
Gestión de la Credibilidad
¿Pero la credibilidad se puede gestionar? Claro que sí ¿Y cómo se gestiona? La credibilidad va de la mano de decir la verdad, de ser coherente entre lo que se dice y lo que se hace, de tener el conocimiento suficiente en lo que se está, en tener capacidad de entendimiento y de diálogo con los demás. Los beneficios de la credibilidad son la reputación y la confianza. La reputación se refiere a lo que hemos sido hasta el momento, mientras que la confianza es la apuesta, el crédito o la licencia social que nos dan hacia el futuro para seguir haciendo y diciendo lo que hacemos y decimos.
Si bien los frutos de gozar de credibilidad se refieren a la historia y se proyectan hacia el futuro, la credibilidad como tal se crea en el presente. Se es o no se es creíble hoy. La credibilidad se gestiona en el aquí y ahora de nuestra vida. Y para gestionarla lo primero que nos tiene que suceder es que realmente nos importe. Si la credibilidad como tal no nos importa, jamás vamos a comenzar a ser creíbles.
Quienes trabajamos en comunicación debiéramos ser conscientes de que nuestra disciplina tendría que dar el primer ejemplo. Jamás debiéramos permitir que las personas y las instituciones que representamos mientan o engañen a conciencia, para pretender alcanzar fácilmente objetivos a corto plazo.
nanni
Lucien Matrat, considerado uno de los fundadores de la que se conoce como la Teoría Europea de las Relaciones Públicas, definía la gestión de la comunicación como “la estrategia de la confianza”. Frank Sonnenberg, un estratega de la comunicación que ha escrito varios libros y más de 300 artículos, rankeado durante los últimos tres años por Trust Across America en el Top 100 de los líderes del pensamiento en los Estados Unidos, ha escrito un artículo tituladoTrust Me: 55 Ways to Build Trust and Credibility (Confía en mí: 55 maneras de construir confianza y credibilidad). En la obra menciona tres aspectos claves de la gestión de la credibilidad: muestre de verdad a la gente que se preocupa por sus necesidades, una promesa debe ser tan vinculante como un contrato y nunca sacrifique una relación a largo plazo por una ganancia a corto plazo.
Ejemplos locales
La semana pasada sucedieron dos acontecimientos en el ámbito legislativo que dicen mucho sobre la credibilidad. Uno bueno y otro malo. El hecho malo ocurrió en Neuquén cuando su legislatura se blindó con un muro de ladrillos de 3 metros ¿Qué respondieron las autoridades? Que se trataba de un “cambio de diseño” ¿Acaso nos tomaron de tontos y pensaron que no nos íbamos acordar de los incidentes que se produjeron frente a dicha Legislatura durante el debate por el acuerdo YPF-Chevron en agosto de 2013?
El hecho bueno lo protagonizó el diputado porteño Gustavo Vera, cuando informó por las redes sociales que donó la diferencia entre su sueldo de maestro y el nuevo sueldo que le corresponde como legislador al argumentar: “no estoy diciendo que se equipare hacia abajo ni proponiendo que los legisladores ganen 10.000 pesos, pero si el sueldo promedio de un porteño es de 4000 o 5000 pesos, los representantes no podemos cobrar seis o siete veces más”.
Como sostienen los autores James Kouzes y Barry Posner en su libro Credibilidad: cómo los lideres la obtienen y la pierden, y por qué la gente la demanda: “cuando los líderes actúan de tal modo que se nos aligera el ánimo y recuperamos la esperanza en el futuro están reforzando su credibilidad personal”, y agregaría: reconstruyendo la credibilidad de una sociedad que necesita encontrar alguna pisca de verdad.

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