El legislador porteño que denunció desde La Alameda el trabajo esclavo, en talleres textiles de la Ciudad, responde a un artículo de Mauricio Macri en La Nación, que elogia al sector de la indumentaria como fuente de empleo.

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Por: Gustavo Vera 
Mauricio Macri sostuvo ayer en una columna de opinión en La Nación que la industria de la moda “es la principal fuente de empleo en la Ciudad y la segunda del país”; que “generó en la capital un promedio de 54.643 puestos de trabajo formales” y que “a nivel nacional las industrias de diseño aportaron 163.781 puestos de trabajo”. El jefe de gobierno asegura que “la industria de la indumentaria concentra el mayor nivel de mano de obra de país, con 3,5 % del empleo total registrado”. Luego nos cuenta su fuerte apoyo a programas de gestión y capacitación y reivindica su alianza con las marcas que organizan el Bafweek.
Si sólo miramos el costado formal de las estadísticas, podríamos agregar al relato del jefe de gobierno porteño que desde la devaluación de 2002 y el comienzo de la sustitución de importaciones en varias ramas de la economía, el sector textil experimentó un crecimiento del 169%, dando formidables ganancias a los fabricantes y las marcas. La devaluación del peso y las políticas de protección arancelaria del gobierno permitieron este crecimiento sostenido, en una industria que venía de naufragar en la agonía durante la convertibilidad y la apertura irrestricta de las importaciones en los ’90.
Sin embargo, el lado oscuro de este crecimiento sigue siendo la situación de los costureros. El 78% de las prendas que se confeccionan en la Argentina se hacen en talleres clandestinos, donde los costureros son sometidos a la servidumbre. Se trata de talleres que emplean mayoritariamente a migrantes en jornadas de 14, 16 y hasta 18 horas por un salario que es equivalente a la mitad del sueldo mínimo y en condiciones de encierro y hacinamiento que exponen a los trabajadores a anemia, tuberculosis y neumonía.
La realidad de los talleres clandestinos con trabajo esclavo no es patrimonio exclusivo de La Salada o de los falsificadores de marcas. También involucra a la gran mayoría de las marcas nacionales e internacionales. Más de 3 mil de estos talleres se esparcen por la Ciudad de Buenos Aires con alrededor de 25 mil costureros en condiciones de servidumbre, y varias decenas de miles más en el Conurbano bonaerense, la ciudad de Córdoba y las zonas más urbanizadas del país. Son más de 200 mil costureros los que están sometidos a prácticas de trabajo forzoso, esclavo, y en su abrumadora mayoría son migrantes captados mediante mecanismos de trata y tráfico con fines de explotación laboral.
Mauricio Macri conoce perfectamente esta situación, no sólo porque es público que hay 114 marcas de indumentaria denunciadas penalmente en la Ciudad desde 2006, que más de 480 dueños de talleres fueron detenidos y que hay varios condenados con sentencia firme, sino porque además su propio entorno familiar, dedicado a la “industria de la moda”, ha sido descubierto usando estas prácticas abyectas de desprecio de la vida humana. Su propio cuñado, Daniel Awada, está denunciado por reducción a la servidumbre y fue citado a indagatoria por la justicia en estos días, al confirmarse que su marca Cheeky basa parte de su producción en el trabajo esclavo, tal como en 2007 lo denunciaron conjuntamente la Defensoría del Pueblo, el gobierno de la Ciudad del periodo de Jorge Telerman y la Alameda.
A su propia esposa le hemos descubierto e incluso filmado y mostrado públicamente tres talleres clandestinos, en septiembre de 2006 y en marzo de 2011.
Por cada prenda que se vende a 100 pesos en los locales, solamente el 5% se invierte en la confección y el 15 por ciento en insumos y corte, es decir, el 20 por ciento del precio total en la producción de esa prenda. El 80 por ciento restante se reparte entre intermediarios parasitarios, impuestos, alquiler de locales y márgenes de ganancia de las marcas que superan con creces los de muchas otras ramas de la economía. En la medida en que no se redistribuyan los costos y beneficios más equivativamente, la industria de la moda que tanto elogia el jefe de gobierno seguirá siendo la vergüenza de la esclavitud que tantas veces denunció desde la Plaza Constitución el hoy Papa Francisco.
Curiosamente, en su descripción de lo que hizo el Gobierno de la Ciudad respecto a la industria de la moda en el distrito, Macri omite que tuvo que terminar de construir e inaugurar un Centro Demostrativo de Indumentaria donde hay maquinaria incautada judicialmente a los esclavistas, que está siendo utilizada por una decena de cooperativas gestionadas por el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial). También omitió decir que su propio jefe de la Agencia de Control Comunal ha descubierto a Zara y otras importantes marcas usando prácticas esclavistas. Quizás considere que estos no son ejemplos que valga la pena replicar para que la industria de la moda deje de ser la principal fuente de trabajo esclavo, precarización y bajos salarios para el glamour de unos pocos. 

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