Planifica una reunión con la gente de la villa 20 mientras acuerda por teléfono dónde internar a una víctima de trata; abre el archivo para escribir un informe del que depende cierta ayuda económica, pero lo abandona resignado después de varios mensajes que le pasan en silencio sus colaboradores y requieren una respuesta inmediata.

 
 
Bergoglio y Vera
FOTO: Bergoglio y Vera
Las jornadas de Gustavo Vera son tan frenéticas como su vida. Pero no añora tiempos más tranquilos, cuando era maestro en una escuela primaria de Villa Lugano. Después su camino se cruzó con el de Bergoglio, una tarde de junio de 2008.
«En esa época, Jorge –Vera llama a Bergoglio por su nombre- denunciaba la trata de personas en sus homilías. Nosotros, en la asociación “La Alameda, también lo estábamos haciendo y las denuncias nos acarreaban insultos, amenazas y atentados”. La atmósfera era muy pesada, recuerda Gustavo Vera -de cincuenta años recién cumplidos que festejó con una canción rock compuesta precisamente por sugerencia de Bergoglio-. “Decidimos escribirle una carta para pedirle una entrevista. Apenas unos pocos días después nos dio cita. Hablamos extensamente de lo que estaba ocurriendo en Argentina con las diversas mafias de la trata, del trabajo esclavo, del narcotráfico. Le contamos lo que sabíamos; él escuchó con atención, con esa capacidad de concentrarse que es tan característica en él. Hizo preguntas, hizo comentarios, agregó algunas cosas que sabía. Le aclaramos que no éramos una organización católica, que habíamos querido hablar con él porque nos encontrábamos en una situación de gran vulnerabilidad. Nuestras denuncias tocaban de cerca al poder político, al judicial, a las fuerzas de seguridad. Estábamos muy, muy expuestos y le pedimos que nos acompañara y nos protegiera porque corríamos el riesgo de terminar en el Río de la Plata. Permaneció un rato en silencio y después propuso la famosa misa en favor de las víctimas de la trata”.
La iniciativa de recurrir a él, fue de ustedes.
De buscarlo, sí. Habíamos notado que en dos homilías Jorge había mencionado el tema de la trata; con Juan Grabois, del movimiento de los cartoneros, le escribimos la carta…
¿Y cuál fue el resultado de aquel encuentro?
Se puso inmediatamente en movimiento; pocos días después –era el primero de julio- celebró la primera Misa en la parroquia “Los inmigrantes”, en el barrio de La Boca, para denunciar el flagelo de la trata y de la esclavitud. En la Misa hizo referencia explícitamente al trabajo de organizaciones como la nuestra, La Alameda. Fue toda una serie de homilías que duró hasta julio de 2012. Desde el principio nos dejó asombrados, fue una intervención que resultó decisiva.
¿Recuerda algo en particular de la homilía, de la primera?
Comentó extensamente la parábola evangélica del paralítico que llevan a la casa donde estaba Jesús y lo descuelgan por el techo porque no había otra forma de pasar. Dijo que, en el fondo, las organizaciones como la nuestra, o los cartoneros organizados, también se suben al techo, sacan las tejas y descuelgan en la agenda de la Iglesia temas que se deben colocar en el primer lugar y que tienen que ver con la trata, con el narcotráfico y la exclusión. A partir de ese momento la relación se hizo cada vez más estrecha.
¿Por qué dice que la suya fue una intervención decisiva?
Sí, fue decisiva. Y no solo en lo que se refiere a la trata con trasfondo sexual. También fue decisiva para tantos casos de trabajo infantil, de esclavitud, de corrupción en la policía federal…
¿Corrupción dentro de la policía?
Sí, protegió a una agente, Nancy Miño Velázquez, que denunció a la dependencia de la policía que debía investigar los delitos de trata de personas y, en vez de intervenir, cobraba coimas para dejar en libertad a los traficantes. La agente Miño dio nombres y especificó cifras, circunstancias y modalidades operativas. La denuncia fue muy grave, salpicó a gente que estaba muy arriba en la Policía Federal. Fue amenazada, ella y su hijito, hubo incluso un intento de secuestro. Jorge no dudó en dejarse fotografiar con ella para protegerla.
La notoriedad como forma de protección… Es una técnica que Bergoglio también ha usado en otros casos.
Exactamente. Lo hizo con Karina Ramos y con Lorena Martins, que denunciaba una red de prostíbulos que gozaban de la protección de los servicios de inteligencia…
En 2011 también lo hizo con un sacerdote de la Villa 21 que había sido amenazado de muerte por narcotraficantes…
Recuerdo muy bien ese caso, del padre Pepe di Paola. Es verdad, allí Jorge (Bergoglio) también se comportó de la misma manera: hizo públicas las amenazas y de ese modo extendió su protección sobre el amenazado. Nunca tuvo miedo de recibir privadamente o de hacerse fotografiar con personas que eran víctima de talleres clandestinos o casos de trabajo infantil en el ámbito rural; muchas veces facilitó el uso de locales parroquiales para que las personas pudieran organizarse y también colaboró en la búsqueda de lugares donde las víctimas pudieran refugiarse cuando las perseguían.
¿Un caso?
El de una mujer que había escapado de una serie de prostíbulos VIP, de alto nivel. Había denunciado venta de droga, prostitución y trata. La habían amenazado seriamente y él buscó y encontró una parroquia para refugiarla hasta que el estado le garantizara protección. Otro caso que conozco es el de una joven que había sido contratada para hacer la limpieza en una casa del barrio de Liniers. Una chica joven y bonita; fue secuestrada, violada y encerrada en un prostíbulo. Escapó y tuvo un encuentro conmovedor con Bergoglio, quien logró involucrar a los organismos del estado para que se hicieran cargo de la situación de la joven. Jorge siempre quería encontrarse personalmente con las víctimas y escucharlas.
¿Con el paso del tiempo ha notado cambios en Bergoglio, en el tono, en la manera de intervenir?
Si se comparan las homilías sobre estos problemas desde 2008 hasta el momento de la elección, se puede ver que progresivamente fue incorporando elementos nuevos.
¿Por ejemplo?
Empieza denunciando la trata y la explotación del trabajo esclavo, después asocia a esos fenómenos con la corrupción, las coimas y el lavado de dinero, introduciendo observaciones sobre la forma como se conectan estas redes perversas entre sí; y finalmente habla de mafia. Es como si él mismo hubiera adquirido conocimientos y conciencia nueva gracias a los encuentros personales con las víctimas.
¿Siente la falta de Bergoglio ahora que está lejos?
Nosotros lo sentimos muy cerca. Sigue ayudándonos mucho.
¿Desde Roma?
Tenemos una comunicación fluida.
Me imagino que en ambos sentidos.
Sí, nosotros también nos hacemos presentes. Hemos colaborado en el Coloquio sobre Trata y Tráfico de personas que se realizó en Santa Marta la primera semana de noviembre.
¿Y han tenido encuentros personales?
Dos encuentros con él y tendremos otro en mayo.
Al trabajo que ustedes hacen, al suyo, al de la Asociación que ha fundado, ¿de qué manera le ha afectado la elección de Bergoglio como Papa?
Su ayuda fue inapreciable. Le debemos la vida y se lo hemos dicho. Si hubiéramos continuado con las denuncias que estábamos haciendo sin ningún tipo de protección, hubiéramos podido sufrir atentados mucho más graves que los que tuvimos
Hay una “Lista di Bergoglio” que se hizo famosa después de la elección, donde figuran muchos casos de desaparecidos o perseguidos por los militares, y de la cual no se sabía nada. Ahora sale a la luz una “vida oculta” de Bergoglio…
No sé si se puede llamar así. Él nunca hizo las cosas por publicidad, al contrario. No le gustaba la notoriedad, salvo que la víctima resultara beneficiada o que quisiera enviar un mensaje claro a la sociedad. Por lo general Jorge trataba de conservar el anonimato.
Con el tiempo seguiremos descubriendo episodios, momentos, ayudas de Bergoglio a gente marginada o en situación de riesgo que todavía no conocemos.
Sí, así va a ocurrir. Tome como ejemplo a su peluquero, aquí cerca (la entrevista se lleva a cabo en la oficina de Vera, muy cerca de Plaza de Mayo, ndr): sé que tuvo problemas de trabajo y que Jorge le encontró un puesto de chofer… las jornadas de Bergoglio estaban llenas de estas cosas y no tenían trascendencia pública.
Pero también en su caso tuvo que intervenir el Papa para que se supiera que distribuye dos tercios de su sueldo entre diversas organizaciones sociales…
¿Se refiere a la carta de Jorge?
La que le mandó el Papa en marzo para felicitarlo por la decisión de donar parte de su sueldo de diputado a distintas organizaciones sociales.
Dice algo muy cierto, que “donar el sueldo no es mera caridad, es también justicia”.
Y que “espera” que los políticos “actúen con el ejemplo y armonicen la  palabra con los hechos”.
Mi propuesta es que los políticos reciban un sueldo equivalente al de un director de escuela; sé que el Papa presta atención a lo que está ocurriendo.
¿Nota que con Bergoglio Papa haya aumentado la conciencia general sobre cuestiones como el trabajo esclavo y la trata?
Le ha dado visibilidad a estos temas a nivel masivo. Pienso en tantos católicos que no incluían estas problemáticas en su propio compromiso: hoy, millones de personas se sienten provocadas por el testimonio de Bergoglio Papa. Lo que hizo Jorge en cierto sentido es revolucionar el sentido común, ha vuelto a poner el sentido común en el lugar que le corresponde.
¿Hay atraso a nivel político en estas cosas?
Un atraso muy grande. El mensaje y el testimonio de Bergoglio van contra la corriente con respecto a las actitudes de gran parte de la clase política de nuestro país, que interpreta el poder como impunidad. Trabajar por el bien común es otra cosa.
¿Y la canción de rock que se compuso para su cumpleaños?
(Se ríe). Cuando juré como diputado, llegué en moto, y para hacer las cosas más rápido la estacioné delante de la puerta de la Catedral. Le escribí al Papa y él me contestó estas líneas: “Me encanta la descripción de tu juramento. No habrá faltado alguno que piensa que es demasiado “posmoderno”. Decile a tu Capellán de facto que haga una canción que podría llamarse “La moto en la puerta de la Catedral”: no es un chiste sino una inspiración. Puede ser una bomba con un mensaje muy fuerte… Y gracias por pensar en mi puerta para dejar tu moto”.
El “capellán de facto” se llama padre César. Es un sacerdote que ama el rock y toca en la banda “Los pecadores”. Escribió y puso música una canción con el título sugerido por Bergoglio: “La moto y la Catedral” y la tocó el día del cumpleaños de Gustavo Vera, el 24 de marzo.

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