La jueza federal Niremperger relata en esta nota lo que significó su encuentro con el Papa Francisco, describe su compromiso con la lucha contra las distintas formas de esclavitud moderna, la trata de personas y el narcotráfico, y la importancia de tener su apoyo en este arduo camino que enfrenta en la región de Chaco y Formosa.





Publicado en: http://www.agendaoculta.net/2014/03/la-inmensidad-del-padre-francisco-por.html

* por Zunilda Niremperger, Jueza Federal en Primera Instancia de Chaco. Presidente de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional Chaco-Formosa-Reconquista-Santa Fe. 

Eran las 17 hs aproximadamente de 31 de marzo y sin siquiera haberlo soñado nunca, me encontraba sentada en una de las oficinas de Santa Marta en el Vaticano, esperando que me vengan a buscar para asistir a una reunión que me tenía ansiosa, insegura y llena de preguntas; cuando la puerta se abrió, estaba ahí, personalmente, sin protocolos, sin secretarios, el jefe de la Iglesia Católica en el mundo, el hombre que ha atraído la atención de toda la humanidad por sus detalles, su humildad y por esa fuerza y osadía de hacerle frente a tantos temas que la iglesia nunca tocó y que son parte de nuestra realidad, de nuestra características diversas de seres humanos imperfectos y que sin lugar a dudas el solo hecho de reconocerlos y de hablarlos ya es el primer paso hacia un gran cambio. 

“¿Puedo llamarlo Padre?” Fue lo primero que me surgió, “mi papa también se llamaba Francisco” Con una sonrisa amplia, bondadosa me dijo: “por supuesto llámeme así”. Y a partir de allí comenzó una larga charla sobre distintos temas que nos preocupan a todos, algunos de los cuales me ocupan por mi función. Escuchó atentamente la situación del avance del narcotráfico en Chaco y Formosa, y mostró gran preocupación por su crecimiento en los últimos años, conviniendo en que la corrupción es la que permite su empoderamiento y que esto como la trata de personas y la inseguridad son producto de la falta de cultura y educación de la sociedad, por la falta de valores y por la exclusión social. 

Me dio apoyo a lo que escribí hace tiempo en mis libros sobre Trata de personas (los que hojeó con atención), acerca de los factores que contribuyen a la trata y a la explotación de seres humanos, la exclusión social, el desempoderamiento y la vulnerabilidad de tantos hermanos del mundo. Esto lo ratificó pocos minutos antes de irme cuando me dijo que el mensaje a trasmitir con fuerza es la declaración del episcopado, donde le dice “no a la economía de la exclusión y la inequidad, a la economía que mata. A la consideración del ser humano como un bien de consumo que se puede usar y luego tirar. No, a la economía del descarte. Los excluidos no son explotados, sino desechos”

He conversado con un líder con el que naturalmente uno puede identificarse, por haberlo conocido aquí como jefe del Episcopado argentino, por seguir su obra, por leerlo a través de los medios y a partir de ahora por haber charlado personalmente. 

Como dije, su recibimiento fue el acceso a la principal autoridad de la Iglesia, del hombre que hoy es referencia y no sólo para la comunidad cristiana y católica en el mundo. El hombre más amado por los italianos, quienes a cada paso manifestaban “es un hombre “bravo” diferente a todos”

Me ha concedido casi una hora de su tiempo, ha creado en mí un recuerdo imborrable, y renovó mis energías, el optimismo y la convicción que me inspira, pero que a veces flaquea, de que podemos cambiar las cosas, de que los pequeños gestos y las acciones individuales pueden mover montañas. Él es el ejemplo. Ratificó mi firme posición en la lucha contra dos grandes flagelos, porque en el fondo de lo que hablamos fue de aquello que hoy estamos combatiendo: la trata de personas y el narcotráfico. Me dio la tranquilidad de que no estamos solos porque si él está en el mismo camino, y con la misma preocupación, miles más se unirán a la lucha. 

Y la trata de personas es un tema que le preocupa en serio, lo primero que hizo cuando asumió su lugar, fue convocar a los que estaban involucrados en ese trabajo. Fue allí cuando en noviembre, Gustavo Vera, presidente de La Alameda y amigo del Papa Francisco, me invitó a acompañarlo, pero semejante posibilidad llegó en un momento de alta responsabilidad institucional, pues estaba trabajando intensamente en el proceso electoral en la Provincia de Formosa, donde estoy subrogando los dos juzgados Federales de Primera Instancia. A partir de allí se barajó la posibilidad de esta entrevista personal. 

Tuve que declinar esa fecha, pero la Providencia me daría revancha para este año, a fines del mes de marzo. Ya sabía que iba a llevarle los libros de mi autoría relacionados con la trata de personas, pero la ocasión ameritaba además un recuerdo –si bien alejado de la pompa- que definiera la zona de donde provengo y su amplia devoción cristiana. Una cruz de palosanto deja no solamente la imagen allí de lo que es el nordeste argentino, sino también, ahora, su particular perfume se esparce en alguna porción del Vaticano. 

Por ese gran gesto agradezco a Gustavo, tan importante oportunidad, por lo que puede aportarme más allá de la experiencia personal, en lo profesional e institucional. 

El Papa tiene una firme postura en contra de la explotación humana en todas sus formas y sostiene, como ya lo hizo otras veces, que hay que luchar en contra de la trata y la explotación. Francisco defendió fervorosamente, en el final de ese inolvidable encuentro, la expresión de la 147 reunión de la comisión permanente de la Conferencia Episcopal Argentina, que se manifestó reclamando "medidas urgentes" para combatir el narcotráfico y solicitando que la lucha contra esta problemática se convierta en "política de Estado". Es decir, llama al compromiso de todos los poderes, y de todos los actores de la institucionalidad del país, independientemente de si están en el oficialismo o en la oposición. O si están en el Ejecutivo, en el Legislativo o en el Poder Judicial. 

He repasado junto al Papa Francisco aspectos que tienen incumbencia en la geografía mundial de la que no puede escapar mi provincia del Chaco, la de Formosa donde también trabajo y mi ciudad natal Hermoso Campo. 

El drama de la inequidad, la absurda contradicción del hambre en una tierra donde se tira comida, el nefasto juego de la competitividad en donde la ley del más fuerte se aplica para que el más poderoso termine tragándose al más débil, con el saldo de exclusión y miseria como sostiene la Declaración. Hablo de la importancia de tener a los niños y jóvenes ocupados, darles la posibilidad de aprender oficios, para que tengan una salida laboral y puedan vivir dignamente. Esto fue a raíz de mi planteo acerca de la creación de un colegio parroquial en mi ciudad de Hermoso Campo. Este es el principal remedio para la inseguridad, manifestando que hay que volver las escuelas técnicas. 

Me vine llena, emocionada, colmada de energía para seguir haciendo, y fuerte en mí, la inmensidad del papa Francisco, el hombre más poderoso y más humilde y sencillo del mundo.

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