Artículo en la última revista 23 por el nuevo partido político, El Bien Común.  



El legislador porteño abandonó UNEN disconforme con la política de seguridad del socialismo en Santa Fe. Es amigo del Papa y está obsesionado por detener el avance del narcotráfico.

Por Rubén Pereyra

http://veintitres.infonews.com/nota-32455-politica-el-trosko-de-dios.HTML
        
La oficina es chica pero el corazón es grande, dice el jefe de prensa de Gustavo Vera, legislador porteño por UNEN que rompió con ese frente y está lanzando un nuevo partido: Bien Común. Las computadoras, una pegada a la otra, reflejan que en poco espacio se puede hacer mucho. En la pared, el papa Francisco posa en una fotografía junto a su amigo Vera. Ambos sostienen una remera firmada por Francisco que dice: “Al amigo de La Alameda y No Chains, con afecto, Francisco”. Y luego, en tono irónico: “¿Se acuerdan de los troskos de Dios?”, en alusión al nombre que le puso a La Alameda el periodista Ricardo Ragendorfer y que luego, con humor, fue adoptado por el ahora legislador porteño. Gustavo Vera, efectivamente, tiene un discurso radical, que podría considerarse trotskista si no fuera porque es amigo personal del papa Francisco, antes llamado Jorge Bergoglio. “Somos muy amigos, compartimos causas comunes y hemos estado espalda contra espalda en momentos muy críticos”, dice con orgullo el líder de La Alameda, una fundación que hace bandera de su lucha contra la trata de personas, el trabajo esclavo y el narcotráfico.

–¿Por qué decidió lanzarse con un nuevo partido?
–Tiene que ver con la labor que venimos desarrollando desde hace más de diez años para restablecer la comunidad republicana, desmalezando de mafias el aparato del Estado, que en este momento está infectado transversalmente, más allá de los partidos, por la corrupción, el narcotráfico y el lavado de dinero. Tenemos un récord de no condenados por lavado, hay solamente dos sentencias judiciales firmes. Nuestro país es el primer consumidor latinoamericano de cocaína, según datos de Naciones Unidas. Tenemos datos propios de que existe más de medio millón de esclavos en la horticultura y en la industria textil. Hay más de 117 marcas denunciadas por basar su producción en la sobreexplotación laboral. Tenemos más de 8.000 prostíbulos ilegales distribuidos por todo el país, con más de 60 mil mujeres en estado de servidumbre. Y cada vez mayores niveles de exclusión, de pobreza, de sobreexplotación laboral. Estamos en un punto de inflexión, si no orientamos el rumbo, si no tenemos una política pública para sacar el narcotráfico, para erradicar la corrupción del aparato estatal, corremos el riesgo de entrar en situaciones de violencia como la de México o como la que ya vivió Colombia.

–¿Por qué el nombre Bien Común?

–Básicamente lo que buscamos es restablecer el origen de la política, que es el bien común. Me llama la atención que de 149 partidos registrados en la Capital Federal a ninguno se le haya ocurrido pensar el nombre Bien Común.

–Parece una tarea demasiado grande como para encararla desde un partido nuevo. ¿Piensa en alianzas?

–Sí, seguramente habrá alianzas, pero lo que queremos es recuperar la honestidad transversal. Así como hay una mafia que atraviesa el aparato del Estado, también hay muchísima gente honesta, de distintos credos y partidos, que está harta de este nivel de corrupción y de mafias, que hace que muchas políticas que en los títulos son nobles, terminen siendo distorsionadas por culpa de la corrupción.

–¿Qué medidas serían ejemplo de lo que usted dice?

–Una sería la estatización de las AFJP, que fue una excelente medida, pero después hubo malversación de fondos, infinidad de causas judiciales y denuncias. Esto salpica, inevitablemente, el efecto de una medida que era buena. Que tengamos una YPF propia también es una buena medida, pero se hizo tardíamente, se hizo mal, y también hay un montón de irregularidades, lo mismo con Aerolíneas Argentinas. Argentina Trabaja fue otra buena medida, pero la administración en manos de los punteros se transforma en otra cosa. En la ciudad de Buenos Aires tenemos un presupuesto muy bueno para educación, sin embargo lo que llega es poco porque lo que se sobrefactura en precios de obras públicas es extraordinario. Si no cortamos con estos conductos intermedios que son los que tienen que ejecutar en la práctica los buenos títulos, siempre vamos a terminar de la misma forma.

–Las políticas son buenas pero se ejecutan mal, entonces…

–Es que tiene que ver con los altos niveles de corrupción. ¿Cuántos funcionarios públicos han sido condenados en los últimos años? Se pueden contar con los dedos de una mano: María Julia Alsogaray, Felisa Miceli, Domingo Cavallo, y Menem algunos poquitos días. Evidentemente funciona una cultura de la omertá, es decir, la cultura del silencio. Denunciamos hechos mafiosos siempre y cuando no ocurran en nuestro propio espacio, si nos ocurre a nosotros hay que callarlo o encubrirlo. Esta es una de las razones por las que nos fuimos de UNEN ya transformado en FAUNEN.

–¿Qué los decidió a irse del frente?

–Cuando se incorpora el gobierno de Santa Fe, para nosotros fue bastante complejo, porque veníamos denunciando muchos búnkers narcos y pidiendo investigaciones sobre algunos llamados de la banda de Los Monos que salpicaban a funcionarios del gobierno provincial; además de la misteriosa desaparición de la computadora de Medina cuando lo asesinaron. La verdad que no sonaba muy creíble decir que íbamos a luchar contra el narcotráfico al lado del señor Binner. Y con esto no estoy diciendo que él sea cómplice directo, sino que bajo su gobierno se produjeron en el último año y medio 400 muertes directa o indirectamente vinculadas al accionar del narcotráfico. Ni hablar de cuando UNEN dejó de ser un frente antimafia y anticorrupción y se transformó en un frente antiperonista. La corrupción no se mide por peronismo o antiperonismo. Reeditar estas cosas no ayuda para nada. No se puede ilusionar a la gente con que si se saca tal o cual gobierno automáticamente se terminan las mafias.

–¿Cómo se manifiesta esto en la ciudad de Buenos Aires?

–Nosotros hemos denunciado más de 100 puntos de venta narcos en barrios de clase media y alta, y el fiscal federal Delgado, después de una inteligencia judicial, comprobó que esto era cierto, le pasó la causa a Oyarbide que está haciendo fulbito y no resuelve la cuestión. Cuando le preguntamos a Rodríguez Larreta cuántas causas había iniciado la Policía Metropolitana, nos respondió que esa no era su función porque el narcotráfico es un delito federal. Por eso, que no nos vengan a contar un cuento de que se va a terminar con la mafia y la corrupción simplemente porque se cambia un partido por otro.

–¿Cómo enfrentaría usted estos problemas?

–Para empezar, un proceso de mani pulite y de saneamiento en el país. Es necesario que se predique con el ejemplo. No sé en qué punto de la democracia los políticos resolvieron autoasignarse sueldos de gerentes de multinacionales. Creo que fue en la época menemista que se dijo que tienen que ganar mucho, porque si no pueden ser objeto de sobornos. Bueno, la realidad demostró que esto es un gran verso. La política es un servicio público en donde el servidor gana siete u ocho veces más que el público. Un disparate. Nosotros estamos proponiendo que un político gane lo mismo que un director de escuela o un director de servicio médico de un hospital público. Nosotros esto lo sostenemos con el cuerpo, porque todos los meses donamos parte de nuestro salario para organizaciones del bien común, con acciones certificadas ante escribano. No lo hacemos por caridad, lo hacemos porque creemos que esa plata no nos corresponde.

–A la luz de todo lo dicho, ¿cómo se definiría ideológicamente?

–Como una persona que lucha para que tengamos una economía que no esté al servicio del dinero, sino del bienestar de la población, que cuidemos el medio ambiente y la tierra y no promovamos negocios que la destruyan porque es la casa de la humanidad. Siento que en este momento estamos en estado de guerra, porque nos acosa el narcotráfico. Yo me pregunto de dónde van a salir los 80 millones de dólares que van a costar, según reconocen ante encuestadores, las campañas de Scioli, Massa y Macri. ¿Quién los va a pagar? ¿Cómo se están financiando las campañas políticas?

–¿Qué medidas tomaría contra el narcotráfico? ¿Legalizaría la droga, por ejemplo?

–El problema de legalizar es que tiene que darse en un contexto determinado. Si estuviéramos en Dinamarca, en Suecia o en Holanda, o en países que tienen las necesidades básicas satisfechas, en donde los pibes pueden planificar a futuro, sería un debate legítimo. Pero acá es un debate falso. Yo hace 26 años que soy maestro de pibes de 6º y 7º grado, en barrios carenciados; la verdad que esos pibes no pueden planificar su vida, trabajo estable no consiguen, en general tienen situaciones familiares muy críticas, cuando hay fracaso escolar no hay nadie que los acompañe y los contenga y tienen la droga a la vuelta de la esquina. ¿Ese pibe está eligiendo?

–Respecto de la trata, ¿está de acuerdo con penalizar al cliente de la prostitución?

–Puede servir si simultáneamente se persigue al proxeneta y se aplica una fuerte política de prevención, como se hace en Suecia. Pero acá la verdad que no, lo único que hace es encarecer la coima que cobran los policías. En Mar del Plata pudimos desarmar una red de proxenetas gracias al testimonio de un cliente. Entonces, ¿qué están buscando con esto de penalizar al cliente? Si tenemos montones de prostíbulos en la Capital Federal identificados y señalizados y nadie hace nada.

–¿Qué expectativas electorales tiene con Bien Común?

–Creemos que se va a replicar en muchas provincias, tenemos expectativas de que la gente se unirá contra la mafia y la corrupción que nos carcome. Más allá de los matices, de las cuestiones ideológicas, creemos que con la gente honesta se puede construir, se puede encontrar un camino común y sembrar políticas públicas para las próximas generaciones.

–¿Cómo es su relación con el Papa?

–Somos muy amigos, compartimos causas comunes. Y en esa lucha hemos construido una amistad que continúa al día de hoy. Vamos regularmente a Roma, no para los grandes espectáculos, sino para resolver cuestiones concretas. Fui en mayo y voy a ir en octubre de nuevo.

–¿Lo sorprende su gestión al frente del Vaticano?

–No, para nada, porque así era Bergoglio acá. Él lo que dice con el pico lo sostiene con el lomo.

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