Nota en el diario El Universal de México Gustavo Vera, el hombre que recibió la carta de Jorge Mario Bergoglio en la que temía por la posible "mexicanización" de Argentina, es íntimo amigo del Pontífice.

FOTO: Cena en Santa Marta del Papa y Vera

http://m.eluniversal.com.mx/notas/el-mundo/2015/el-8220companiero-de-armas-8221-del-papa-89941.html

Lunes 2 de marzo de 2015 | Camille Lavoix | El Universal 

Gustavo Vera con el Papa en su despacho en el Vaticano, en una imagen de noviembre de 2013.
Las multitudes le intentan robar una selfie durante sus caminatas y los políticos cruzan el Atlántico para tomarse un retrato oficial: todos quieren posar junto al Papa, pero pocos pueden jactarse de tener una colección de instantáneas tan extensa como Gustavo Vera. Las fotos con el Pontífice cuelgan de las paredes de su oficina en la legislatura de Buenos Aires y en los rincones de la sede de La Alameda, la Organización No Gubernamental (ONG) que preside. 

¿Idolatría? Más bien un compañero de armas. Si este hombre de 50 años pega las imágenes en todas partes es porque le une una sincera amistad con Jorge Bergoglio. Vera se la ganó luchando contra la trata de personas, contra la droga y contra la esclavitud laboral al lado del ex arzobispo de Buenos Aires durante casi una década.

Cuando Bergoglio se mudó al Vaticano y se convirtió en el papa Francisco no se olvidó de su amigo. Cada tres meses lo invita a visitar la Santa Sede y cada semana se cartean. El pasado 23 de febrero una de esas misivas desató la polémica: “Ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización. Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror”, escribió el Santo Pontífice. “Tal vez soy un canal alternativo para decir cosas que no se pueden expresar por la diplomacia”, tanteaba Vera en su oficina con su tono naturalmente provocativo, refiriéndose a la carta en entrevista con El UNIVERSAL.

Azar del calendario, tres días después de recibirla, el diputado quedó registrado oficialmente como candidato a gobernador de la ciudad de Buenos Aires. Vera considera que tiene una misión en conjunto con el ahora jefe del Vaticano: erradicar la mafia. El nombre de su nuevo partido, Bien Común, está inspirado en una frase de Bergoglio: “El poder es bien común. Cuando es bien propio es corrupción”.

Los dos hombres buscaban solucionar los mismos problemas, aunque con métodos diferentes. La Alameda se hizo conocida por sus infiltraciones con cámaras ocultas en los talleres clandestinos de las grandes marcas de ropa, los “escraches” a políticos corruptos y denuncias contra los narcotraficantes. Acción, ruido, máximo impacto; una actitud propia de un toro. Desde otro lugar, Bergoglio defendía a las mismas víctimas, raptadas para ser sometidas a la prostitución o encerradas para trabajar 12 horas por día.

En 2008, empezó con las “misas antimafias” denunciando a los mismos verdugos que Vera, plantando con afabilidad sus semillas eclesiásticas.

Comulgaron en la lucha, y bastante tuvo que ver el padrinazgo que recibió La Alameda por parte de Francisco. “Querido hermano. Veo tu trabajo incansable a todo vapor. Pido mucho para que Dios te proteja a vos y a los alamedenses”, se leía también en la famosa carta de la “mexicanización”.

Olga Cruz, miembro de la ONG, le pidió a Bergoglio que bautizará a sus hijas para protegerlas de las amenazas de muerte que ella y su familia recibían por atreverse a denunciar a los talleristas que les explotaban. No creen necesariamente en la protección divina, pero cuesta más eliminar alguien que tiene exposición mediática.

Contra el trabajo esclavo

Los miembros de La Alameda han sufrido 18 atentados y varias agresiones. En una ocasión, en 2009, durante una investigación en un taller que realizaba trabajo esclavo, los talleristas le rompieron la cabeza a todos los activistas. Vera aparece con la cara ensangrentada en todas las fotografías. Según el diputado, entre los atacantes fue reconocido Alfredo Ayala, regente de la asociación de talleristas.

Vera, un hombre imponente que fuma compulsivamente, no quiere decir si vive con alguien o tiene hijos, sólo habla de su madre, 68 años, cinturón negro de Aikido. Mientras guarda en secreto su vida personal, sigue su lucha contra todo y todos, aunque sus detractores piensan que muchas de estas denuncias son infundadas. El actual jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires y favorito en las encuestas para Presidente, Mauricio Macri, o Máxima, la Reina de Holanda, argentina de origen, han sido algunos de sus objetivos.

¿Qué tienen en común? Cheeky, la marca propiedad de la familia de la esposa de Macri y proveedora de la ropa de las tres niñas de la Reina.

Algunas de las víctimas que encuentran refugio en La Alameda se alistan en esta lucha. Este caso se abrió con una infiltración de Fidel, costurero boliviano que llevo una cámara oculta: “Tenía miedo, nunca lo había hecho, pero me dio coraje ver tanta gente en un espacio muy chico y húmedo. Dormían en el taller, en literas, y sólo había 50 centímetros entre la cama y el techo, no podían sentarse”.

Otro de los frentes en los que participa Vera es el caso del fiscal Alberto Nisman, encontrado muerto con una bala en la cabeza justo después de haber denunciado a la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, de haber encubierto a Irán como autor del peor atentado que conoció Argentina en 1994, donde murieron 85 personas en la Asociación Mutual Israelita Argentina tras una explosión.
El ahora candidato decidió atacar al espía más poderoso del país, Antonio Stiuso, que, según él, estaba detrás de todo este “quilombo”. Hace rato que venía denunciando los servicios secretos, en particular al propio Stiuso y a Raúl Martins, otro ex agente, y su principal aliado.

“A fines de la década del setenta armaron unos prostíbulos VIP. Al principio, el objetivo era filmar a ricos y famosos, políticos, funcionarios para extorsionarlos. Luego se convirtió en un negocio”, señaló Vera, que quiere hacer caer a Stiuso por enriquecimiento ilícito, “como hicieron con Al Capone”. La propia hija del ex agente Martins, Lorena, lo denunció junto a La Alameda e intentaron asesinarla. Las pruebas no faltan: en colaboración con la periodista mexicana Lydia Cacho, descubrieron que esta red de prostíbulos se conecta con el narcotráfico y el cártel de Los Zetas. Según Vera, “Raúl Martins sigue en Cancún con sus prostíbulos”.

A menudo, el papa Francisco apoya a Gustavo en sus cruzadas: envió un saludo a los miembros de La Alameda y a los costureros despedidos de Cheeky, los cuales pasaron la Nochebuena acampando en la puerta de la fábrica para reclamar por sus salarios e indemnizaciones. Cuando organizó un coloquio antitrata en el Vaticano en diciembre de 2013, invitó a sus viejos amigos de La Alameda a difundir su palabra. Y este año, le mandó fuerza a Vera en su denuncia contra Stiuso.

Vera sube a sus páginas web todas las declaraciones del Papa contra la mafia, pero no se encuentra nada sobre, por ejemplo, la última polémica donde Francisco comparó a las personas transexuales con armas nucleares. “La red que construye en torno a la paz y al diálogo es mucho más importante que los pequeños defectos que puede tener, que no sé si lo son o si son frases obligadas para calmar tensiones internas”. Por su parte, el candidato contesta claramente: hay que respetar las libertades individuales, la unión de personas del mismo sexo, “si quieren, está bien, todo lo que no daña un tercero, está bien”.

“A esta altura de mi vida, aprendí a creer en los hechos no en palabras. A mí me importa Francisco como humanitario, no como jefe de la Iglesia católica. Como Luther King o Mandela”, dice Vera, quien dona 60% de su sueldo a la comunidad Qom, la segunda etnia indígena de Argentina, originaria del la región del Chacho, al noroeste del país. Su único bien es su famosa moto, con la cual recorre los barrios marginados de Buenos Aires. Si pasó de ser maestro de grado a diputado y candidato a gobernador, no es “por la plata”. Más bien, dice, por el cansancio de desplazar un “mafioso” y que otro peor tome su lugar.

La elección de Bergoglio como Papa sorprendió al mundo, pero Vera tenía un plan. “Ya lo teníamos hablado, sabíamos que era una posibilidad extraordinaria, y que podíamos ser un instrumento de la causa de Bergoglio.”
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