Una organización criminal no se construye de la nada, y Carlos Ahumada Kurtz lo tuvo siempre presente. El argentino nacionalizado mexicano levantó en la década del 2000 un imperio en el que la corrupción y la política fueron siempre de la mano. Ahora, además, tras su paso por la cárcel aparece como protagonista de una red de narcotráfico internacional de efedrina y metanfetamina. Ahumada echó mano de su encanto para seducir, por la vía del dinero y el chantaje, a políticos mexicanos de izquierda, pero también para ser parte de estrategias dictadas desde la cúpula del priismo y apoyadas por líderes del panismo. Estos son los antecedentes de quien hoy es visto como uno de los grandes corruptores de políticos mexicanos.


El empresario Carlos Ahumada Kurtz durante su estancia en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México. Foto: Cuartoscuro

http://www.sinembargo.mx/23-02-2016/1627106

Por Humberto Padgett febrero 23, 2016s


SEGUNDA PARTE

Ciudad de México, 23 de febrero (SinEmbargo).- En menos de un cuarto de siglo, Argentina se ha convertido en el tercer productor mundial de estupefacientes. Entre 2007 y 2011 se multiplicó 800 por ciento la producción de efedrina.

Si, como la investigación de Gustavo Vera muestra, Carlos Ahumada Kurtz está involucrado en la importación masiva de efedrina a su país y en la producción de metanfetaminas para su dispersión en Argentina y su exportación en México, ¿qué rastros se pueden seguir desde sus días en México?

RECLUSORIO NORTE, 2005

Los días de José Alberto Márquez Esqueda, “El Bat”, eran los días en que los custodios asignados al dormitorio uno del Reclusorio Norte caminaban por con una gota fría escurriéndoles por la espalda. O con los dedos adormecidos por el dinero del narco.

La primera vez que llegó “El JT” al Reclusorio Norte, fue un día de enero de 2004.
En el Reclusorio Norte, “El Bat” tenía un enemigo, tan acérrimo como parecido, “El JT”, a quien sólo unos cuantos llaman Javier Torres Félix, principal operador de Ismael Zambada, “El Mayo”, uno de los jefes del Cártel de Sinaloa.

La geografía del narco los hacía irreconciliables. En unos cuantos metros cuadrados, uno encarnaba a los de Tijuana y el otro a los de Sinaloa.

“El TJ”: un cooptador profesional de policías en Sinaloa, Durango y Nayarit, un hombre por el que fue el Ejército una mañana en que un soldado lo sacó de quicio y el pistolero le metió un tiro en la cara. Un completo, según Washington, que introdujo 20 toneladas de coca y movió dinero del narco por 66 millones de dólares.

El dormitorio uno tiene dos pisos. Cuando tocaba que “El TJ” estuviera unos minutos bajo el sol, todo el piso del “Bat” se cerraba. Y viceversa.

Ocurrió que el “JT” y Carlos Ahumada pasaron decenas de días juntos. Amistaron. Tanto, que el sicario preparaba quesadillas de queso asadero al empresario de origen argentino cuando éste sufría “alguno de sus múltiples carcelazos”, dice un funcionario del Reclusorio Norte en referencia a las crisis depresivas que los internos suelen tener. “Un día, sobre un anafre, “El JT” le cocinó quesadillas a Ahumada. “El JT” le reprendió casi con dulzura: ‘No mames, cabrón, ya deja de llorar y mejor chíngate una quesadilla”.

Esta era la idea de un gatillero de consolar a quien se acusaba de ser un delincuente de cuello blanco, unidos por la prisión.

Y, según el legislador argentino que ha puesto el dedo sobre Ahumada, éste guarda nexos tanto con el Cártel de Sinaloa como con el de Tijuana.

Se lee en la denuncia presentada en Argentina:

“En su larga estancia en México, Ahumada Kurtz fue vinculado en varias oportunidades a cárteles y grupos dedicados al narcotráfico y otras actividades delictivas.
Según surgiría de declaraciones judiciales de Sidronio Casarrubias Salgado, jefe máximo del cártel Guerreros Unidos [cercano al PRD y responsable de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa] Ahumada Kurtz es socio de Johnny Hurtado Olascoaga, líder de la Familia Michoacana [surgido y consolidado en Michoacán durante las gubernaturas perredistas de Lázaro Cárdenas Batel y Leonel Godoy Rangel, entonces cercanos políticos de Rosario Robles], una organización criminal con base en México dedicada principalmente al tráfico ilegal de drogas [y de metanfetaminas].

“El vínculo que se habría denunciado entre Olascoaga y Ahumada Kurtz, es en el negocio de tráfico de uranio que podrían llevar adelante, ya que el empresario de doble nacionalidad, explota dos minas en el estado de Guerrero y proporcionaría cobertura a las explotaciones mineras ilegales que el grupo narcotraficante tiene en ese mismo estado”.


Carlos Ahumada afirma ser la persona que acercó a Rosario Robles con el ex Presidente Carlos Salinas de Gortari. Foto: Cuartoscuro

En prisión, Ahumada se cosió los labios para protestar de lo consideraba una detención política, pero, al poco tiempo de salir de la cárcel, vaya que Ahumada habló o, mejor dicho, escribió el libro Derecho de réplica, editado por Grijalbo en 2009. Se trata de una colección de estampas de la corrupción mexicana descritas por un gran corruptor y pocos de la clase política, verdaderamente muy pocos, salen ilesos de sus 375 páginas.

Carlos Salinas de Gortari estaba atónito. Sus ojos brillaban. Cerca del tartamudeo, su lengua repetía en la biblioteca de su casa, en el Camino a Santa Teresa del Distrito Federal: “Es muy, muy bueno”. “Con esto están acabados”. Frente a la pantalla era testigo de la secuencia en que René Bejarano, el hombre de las confidencias de Andrés Manuel López Obrador, buscaba bolsas en sus ropas para meterse más y más fajos de billetes. Hasta la liga se llevó.

Esa noche de noviembre de 2003, Salinas pretendía la calma, pero la emoción lo rebasaba. Rosario Robles había preferido quedar afuera de la biblioteca donde Salinas y Carlos Ahumada contemplaban el derrumbe de López Obrador, acérrimo enemigo mutuo.

Rosario, que había llegado a la residencia de noche con lentes oscuros y una enorme mascada para pasar inadvertida, estaba en territorio del hombre que, según ella misma, pero años atrás, había robado la Presidencia de la República a su mentor Cuauhtémoc Cárdenas.
Rosario, que había renegado en su juventud de la vía electoral estaba ahí para que la cabeza de López Obrador rodara antes de acercarse más a Los Pinos.

La siguiente escena, contada con detalles de guión cinematográfico, aparece en las páginas 142 y 143 del libro Derecho de réplica, escrito por Ahumada (Grijalbo, 2009).

“En la madrugada, antes de despedirnos, surgió una de las escenas más impactantes que he visto en mi vida. Salinas le mostró su biblioteca a Rosario. Había condecoraciones y fotografías, entre otros recuerdos. Cuando llegamos a la vitrina donde conserva sus bandas presidenciales, Rosario le comentó que debía ser un gran honor y un orgullo portar la banda presidencial. Salinas inmediatamente tomó una escalerita para poder subir por la vitrina y sacó una de las bandas presidenciales. Yo creía que nos la quería mostrar, y en efecto así lo hizo, pero no fue sólo eso, sino que la tomó y se la puso a Rosario cruzándole el pecho y le dijo: ‘Te luce muy bien’”.

En 2004, el mismo año de los “videoescándalos”, Ahumada compró al Club León FC y lo administró mediante la empresa PROMOTORA DEPORTIVA DE FUTBOL LEON SA DE CV. También adquirió, mediante la empresa Promotora Deportiva Comarca Lagunera S.A. DE CV, el Club Santos Laguna.

En ambos casos, los equipos primero tuvieron momentos de importante auge y luego sufrieron fuertes crisis económicas. Este es un rasgo destacado en la presente denuncia promovida en Argentina, pues, como se verá, el fracaso empresarial de Ahumada en el futbol mexicano no le impediría incursionar en los negocios del balompié argentino… Y de las metanfetaminas.

LA RED MEXICANA, MARZO DE 2001

Se conocieron en 2000, durante la entrega de los trabajos de remodelación del monumento Cabeza de Juárez, al oriente de la Ciudad de México. Rosario inauguraba la obra contratada a Carlos. El trato personal inició en marzo de 2001 en el restaurante Bellinghaussen de la Zona Rosa. Ahumada se reunió a comer con Ignacio Morales, Ramón Sosamontes y Patricia Olamendi; los comensales ocuparon una mesa al fondo del restaurante. En la salida, el grupo se encontró con Rosario Robles y Mario Saucedo, otro viejo militante de la izquierda nacido en el desprecio a la vía electoral.

Rosario, según Carlos, necesitaba un hotel para vacacionar la Semana Santa en Bahías de Huatulco. Ramón le habría preguntado al empresario si tenía manera de acomodarla y resultó que sí. Ahumada es un seductor que lee las ambiciones y entiende los símbolos que crean la percepción de su concreción: alquiló para Robles una suite en el lujoso hotel Quinta Real. No cualquiera, sino la suite presidencial.

Así describe Ahumada las pretensiones políticas de Rosario:
“(De) las aspiraciones políticas de las personas a las que apoyé debo decir que de todas ellas, Rosario era la que apuntaba más alto. Estaba obsesionada con ser presidenta de la República, ¡¡¡ob-se-sio-na-da!!! Definitivamente. Le dije en Berlín, en 2001, cuando viajé a Alemania, creo que fue en julio, que me parecía que podría llegar a presidir el PRD, pero que por ningún motivo sería Presidenta de la República.

“Me contestó, mientras íbamos en un Mercedes Benz negro cruzando el muro de Berlín: ‘Te invito a tomar una botella de vino tinto en los primeros meses de 2007, aquí mismo en Berlín, tú y yo solos para celebrar mi nueva encomienda como Presidenta de la República’”.
Luego vinieron los videoescándalos que no sólo pusieron en evidencia a su viejo enemigo Bejarano, sino a personajes tan cercanos suyos como Carlos Ímaz, compañero de causa desde la universidad, y a Ramón Sosamontes, avenido como su hombre de mayor confianza.


El ex perredista Carlos Ímaz, también involucrado en los videoescándalos de Carlos Ahumada. Foto: Cuartoscuro

LONDRES, SEPTIEMBRE DE 2003

El encuentro fue acordado para septiembre de 2003 en Londres directamente entre Ahumada y Salinas de Gortari. Rosario tenía la urgencia de encontrar salida a la deuda con que su dirigencia había ahogado al PRD y el ex Presidente sabía, quizá más que nadie, más que Ahumada, comprender los deseos ocultos de las personas a su alrededor, leer sus ambiciones, acercar los símbolos que las cristalizan.

Viajaron a Europa simplemente porque Rosario, según Ahumada, “tenía terror” de ver a Salinas en México. Cenaron y, como platos fuertes, discutieron dos temas: la influencia que ejercería Salinas para modificar la ley de tal manera que pudiera ser nuevamente jefa de Gobierno del DF si era su deseo y conseguir recursos para menguar los pasivos del sol azteca.

“Salinas dijo que apoyaría con todo para para conseguir los recursos para pagarla; que hablaría con Roberto Andrade y Arturo Montiel, en ese entonces gobernadores de Tabasco y el Estado de México, respectivamente, y con Enrique Peña Nieto, quien en aquel entonces era prácticamente un desconocido a nivel nacional. También aseguró que vería el asunto con otros mandatarios estatales y con la maestra Elba Esther Gordillo”.

El siguiente encuentro, también mediado por Ahumada, ocurrió 15 días después. Esta vez el escenario fue en La Habana, Cuba, concretamente en la casa de Salinas, una excepción en la isla con abundante vino blanco y champaña. Con habilidad, Salinas presumió su amistad con Fidel Castro.

Tomaron un auto y recorrieron la Habana Vieja. Personalmente, Salinas de Gortari condujo.
Rosario parecía lista para encontrarse con Salinas en México. Convinieron hacerlo en casa de Carlos. Ahumada llevaba en un disco compacto los videos con que se haría el bombardeo sobre López Obrador. Rosario se deshizo de la enorme mascada con que cubría su cabeza y de las gafas con que ocultaba los ojos. Prefirió esperar a que los Carlos revisaran los videos. “Una actitud ridícula”, la calificaría Ahumada.

“En la madrugada, antes de despedirnos, surgió una de las escenas más impactantes que he visto en mi vida. Salinas le mostró su biblioteca a Rosario. Había condecoraciones y fotografías, entre otros recuerdos. Cuando llegamos a la vitrina donde conserva sus bandas presidenciales, Rosario le comentó que debía ser un gran honor y un orgullo portar la banda presidencial. Salinas inmediatamente tomó una escalerita para poder subir por la vitrina y sacó una de las bandas presidenciales. Yo creía que nos la quería mostrar, y en efecto así lo hizo, pero no fue sólo eso, sino que la tomó y se la puso a Rosario cruzándole el pecho y le dijo: ‘Te luce muy bien’”.

La anécdota es sabida porque así la relató Carlos Ahumada en su libro Derecho de Réplica, en las mismas páginas en que reveló: “La primera reunión que grabé fue la reunión que sostuve con Rosario Robles, regresando de la Semana Santa de 2003, un lunes por en la noche (…)”.

Robles, como cada uno de los participantes de los videoescándalos, sabía exactamente lo que hacía.

Escribió Ahumada:
“Con su gran sentido político, Salinas me dijo: ‘Carlos, hay que dar a conocer los videos lo más pronto posible, porque Bejarano y AMLO o gente muy cercana a él ya se deben haber enterado de algo (…) Despojarán de cualquier efecto mediático de trascendencia al asunto de los videos si tú estás en un problema jurídico o concretamente en la cárcel.

“Sí, Salinas fue el cerebro de los videoescándalos. Yo fui el de los videos, él fue el del escándalo. En cuanto a Diego Fernández de Ceballos, él fue el coordinador (aunque este) realmente era un títere de Carlos Salinas”.

En esa ronda jugaba Rosario. Y con algunos personajes más. Rosario también celebró una reunión oculta con Vicente Fox, Presidente de México, en un departamento aparentemente propiedad de Porfirio Muñoz Ledo, ya vuelto enemigo de Cuauhtémoc Cárdenas, el mentor de Robles. La idea, nuevamente, era encontrar una solución a la deuda del PRD que tenía a su dirigente con el agua al cuello.

Pero no sólo hubo encuentros con políticos. La estampa es de Ahumada:
“Gracias a mi mediación se pudo resolver un conflicto y la siguiente guerra de declaraciones que tenían en la prensa Rosario Robles y Onésimo Cepeda, el poderoso obispo de Ecatepec, ya que él se había referido a ella como una ‘gallina que vino a cacarear a mi gallinero’.
“Después de una larga cena en Au Pied de Cochon, un lujoso restaurante en la Ciudad de México, y de varias botellas de vino tinto, hicieron las paces y a los pocos días, el 19 de enero de 2003, Onésimo la invitó a Ecatepec y así quedó públicamente solucionado el conflicto”.

Infancia es también un torcimiento del destino: el sacerdote de la iglesia a la que Rosario asistían, de cuyo coro formaba parte, pertenecía a la Teología de la Liberación, “hacíamos pastorelas con la temática de Vietnam y la pobreza, como quiera había un vínculo con lo social sin que hubiera una claridad”, dijo Robles en entrevista con Mónica Maristain. Onésimo Cepeda, como se sabe, fue uno de los más furiosos opositores de la Teología de la Liberación en México.


Antonio Martínez Ocampo, ex secretario particular del argentino Carlos Ahumada. Foto: Cuartoscuro

EL JET SET DE AHUMADA

Al Lockheed Jet Star con matrícula XA-TVK no subía cualquiera. Era un sitio reservado para unos cuantos a quienes Carlos Ahumada quería despegarles los pies de la tierra y llevarlos a donde ellos quisieran.

Así quedó anotado en cada hora, en cada día de las agendas de Antonio Martínez Ocampo, la mano derecha de Carlos Ahumada en México, quien fungió como su secretario particular y prestanombres.

Las agendas, cuyas copias tiene SinEmbargo, fueron obtenidas por la Procuraduría General de la República y registran hora por hora el uso de los helicópteros contratados por Ahumada, así como de su avión personal, para llevar y traer sus relaciones, su jet set particular.

Los itinerarios constan en la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIOFM/014/04.
Antes, un aspecto relevante sobre Antonio Martínez Ocampo, el secretario de Ahumada: nació en Arcelia, estado de Guerrero, una de las ciudades aún gobernadas criminalmente por la Familia Michoacana, uno de los mayores productores de metanfetaminas en México.

Carlos Ahumada no sólo era un hombre rico. También era carismático. Un empresario que sabía seducir, agasajar.

Las aeronaves eran sitios reservados para gobernadores, secretarios de la administración capitalina, líderes sindicales, obispos, dirigentes partidarios y jefes delegacionales a quienes les interesaba hacer un viaje.

Los nombres de todos ellos aparecen en las libretas de citas de Martínez. La primera fecha con registro de actividades es 16 de febrero de 2003 y la última el 25 de febrero de 2004, dos días antes de que empresario y asistente huyeran juntos a Cuba en el avión privado.

El jet contaba con permiso de vuelos internacionales, autorización de vuelos privados y licencia para internarse en los Estados Unidos sin necesidad de escala.

El Lockheed Jet Star es un avión que se fabricó inicialmente para la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Su producción continuó después para el transporte de pasajeros durante las décadas de los 60 y 70.

El momento estelar del modelo aeronáutico fue cuando apareció en una de las películas de James Bond. Era el avión de un ficticio magnate corrupto, personaje que le dio nombre a la cinta, Goldfinger.

El emporio de Ahumada inició con un puesto de hot dogs en la calle y concluyó con equipos de futbol, empresas de comunicación, constructoras y decenas de relaciones. Relaciones en posiciones estratégicas a las que se esmeró en consentir.

El primer día en que Onésimo Cepeda subió al cielo con cargo al bolsillo de Ahumada fue el 16 de febrero de 2003, fecha inaugural de la bitácora de la agenda. El Obispo subió en el Puente de Fierros de Ecatepec, su diócesis.

En vez de tocado, el Obispo una gorra de béisbol en la cabeza y una camisa azul sobre la que descansaba un crucifijo. El destino: Acapulco.

Se dio un chapuzón en el mar para probar la limpieza de las aguas, señaladas como altamente contaminadas.

Luego comió con el ex director de la Lotería Nacional, Carlos Salomón –otro viajero frecuente del jet set de Ahumada. Después siguió desde la barrera la corrida de toros en compañía de su anfitrión de vuelos y el Alcalde perredista Alberto López Rosas.

El torero Xavier Ocampo, su amigo, le ofrendó una oreja del animal que acababa de matar. Las reuniones continuarían hacia la noche. Hasta el día siguiente, se envió una nave para regresarlo a su iglesia.

Dos meses después, el helicóptero fue por Onésimo. Esa tarde, el Obispo estuvo un poco más cerca del cielo, a 13 kilómetros sobre la tierra, y una velocidad de 900 kilómetros por hora.
En esos mismos asientos se sentó Elba Esther Gordillo, la ex lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación hoy caída en desgracia.

Ahumada no sólo dispuso de su avión para sus íntimos. También rentó con frecuencia servicios de taxi aéreo para llevarlos y traerlos por el Valle de México y varias ciudades del país.
Cada mes, Ahumada pagaba entre 25 y 30 horas de vuelo en un helicóptero Bell 206 a razón de mil dólares por hora de uso. Se trataba de un aparato de cuatro plazas con asientos de piel y servicio opcional de alimentos.

Cubría vuelos cortos, por ejemplo Morelia o Toluca, de donde despegaba el jet del dueño de Grupo Quart.

Durante 10 años, Carlos contrató los servicios de Transportes Aéreos Alfa con cuyo dueño, Jorge Roaro, alcanzó una inmejorable relación comercial y, con el tiempo, personal.

Ahumada alquilaba frecuentemente un helicóptero Bell modelo Jet Ranger 206-B con matrícula XA-AFX que se desplomó en el restaurante Un Lugar de la Mancha, en la colonia Lomas de Virreyes, el 29 de octubre de 2003.

El Bell 206 es un aparato que se desplaza a velocidad crucero a 200 kilómetros por hora y tiene capacidad para cuatro pasajeros sentados en asientos de piel.

Dieciocho minutos después de abordar en la Ciudad de México, los invitados de Ahumada podían subir al jet en el hangar de Toluca, refiere uno de los pilotos que trabajó para Transportes Aéreos Alfa en ese tiempo.

No sólo se rentaban helicópteros. En algunos casos, Ahumada alquilaba aviones para hacer viajes internacionales con la empresa Servicio Aéreos del Centro a cuyo hangar, también ubicado en la capital mexiquense, llegaba el ex Presidente Carlos Salinas de Gortari.

Uno de los aparatos alquilados a SACSA, por ejemplo, trajo de regreso al país a Carlos Ahumada y a Gustavo Ponce, el ex Secretario de Finanzas de López Obrador, de Las Vegas, Nevada.

El ex Delegado panista en Álvaro Obregón, Luis Eduardo Zuno hizo su último viaje en el XA-TVK el 3 de julio de 2003. Se programó el despegue a las 7:45 de la mañana rumbo a Houston. Se trataba de un asunto de solución inmediata, al día siguiente por la tarde aterrizaría sin problemas, un helicóptero contratado por Ahumada lo traería a la ciudad de México.

Pero ese helicóptero ya no se utilizó. La PGR inspeccionó el jet y encontró cuatro pistolas calibres 45 y 9 milímetros, un rifle, 720 cartuchos útiles de varios calibres y más de mil 200 ojivas escondidos en la nave.

Zuno pasaría los siguientes dos años y medio en prisión. Hoy despacha nuevamente en su notaría pública.

Entre los garabatos con fechas y nombres, resaltan otros dos pasajeros en los aviones de Ahumada: Edgardo Codesal, autoridad arbitral mexicana, y Justino Compeán, hoy ex presidente de la Federación Mexicana de Futbol.

Hasta el momento, el escándalo mundial de corrupción que sacude a la FIFA y que es investigado por el Gobierno de Estados Unidos, no ha alcanzado a los empresarios y directivos del balompié azteca.

Hasta ahora.

Gustavo Vera, el legislador de Buenos Aires que se escribe personalmente con el Papa Francisco sobre la “mexicanización” del narcotráfico y la violencia en Argentina, demanda que el nuevo caso Ahumada y la posible utilización de las ligas argentinas del balompié sean escenario de amaños, lavado de dinero, corrupción gubernamental…


Rosario López Berlanga, en los tiempos en que encabezó el Gobierno del Distrito Federal. Foto: Cuartoscuro

MICHOACÁN, MEDIADOS DE 2002

“Como se dice, Graco [Ramírez, hoy Gobernador perredista de Morelos acusado de corrupción, estado con presencia del cártel Guerreros Unidos] era un dolor de muelas. Cuando lo conocí, andaba de perro faldero de Rosario. Fue a Michoacán a apoyar a Lázaro, estaba en la campaña, estaba con Rosario y no se me despegaba, se subía a los coches en los que viajábamos Rosario y yo, en todo momento se hacía presente sin invitación.

“Recuerdo una ocasión en que ya estaba subido en el helicóptero donde nos íbamos a regresar a la Ciudad de México Rosario y yo. Ella al verlo muy instalado le dijo de una manera brusca: ‘¿Qué haces aquí?’. Él le respondió: ‘Es que quiero ir…’. Rosario le contestó: ‘No te puedes ir porque solamente cabemos tres en el helicóptero’, y en ese momento bajó a Graco, le pidió a Carlos Ímaz que nos acompañara y nos regresamos los tres al DF.

“Recuerdo también que Graco iba a mi oficina, me hablaba por teléfono un sinfín de veces y me prometía que Ana Lilia Cepeda, responsable del Centro Histórico, me podía dar obras, me podía ayudar. Se me plantaba horas en la oficina, me invitaba a comer; no quería ir con él, la verdad es que ni tenía tiempo, ni me caía bien como para ir a comer (…) Era una molestia constante.
“(…) A Graco Ramírez, creo que en total le habré dado entre 400 o 500 mil pesos, y creo que me devolvió únicamente 30 o 40 mil pesos”.

***
Ahumada, según Ahumada, dispuso de un equipo de 20 personas que operaron un sistema de encuestas que entregó resultados a la empresa Parametría que sólo los anunció el día en que Lázaro Cárdenas Batel le arrebató Michoacán al PRI, el 11 de noviembre de 2002.
En su relato, Ahumada habla sin tapujos del financiamiento que dio a Lázaro Cárdenas Batel, hoy miembro del instituto anticorrupción Woodrow Wilson, con sede en Washington DC y, hace 12 años, parte de la corriente perredista que tuvo por cabeza a su padre, Cuauhtémoc Cárdenas, quien adoptó políticamente a Rosario Robles; a ese mismo grupo perteneció Leonel Godoy Rangel, cuyo medio hermano sigue prófugo de la justicia por sus ligas con los jefe de la Familia Michoacana, organización que concentró la mayor parte del negocio de las metanfetaminas durante la década pasada.

Un cártel no se construye en pocos años.
La siguiente es palabra de juez:
“En Michoacán, por lo menos desde 2002 —último año de la gubernatura del priísta Manuel Tinoco Rubí y primero del perredista Lázaro Cárdenas Batel—, opera la organización delictiva conocida como La Familia Michoacana.

“(…) Transportan y venden cocaína, marihuana y ice (sic). Trafican pseudoefedrina, cocaína, marihuana, metanfetaminas y heroína. Realizan levantones y ejecuciones. Lavan dinero. Elaboran ‘cristal’ o ‘hielo’ [metanfetaminas en el argot mexicano]. Compran vehículos robados y trafican armas.

“Captan autoridades a cambio de dinero. Coordinan con los diferentes partidos políticos la selección de los candidatos y sus colaboradores a las diferentes presidencias municipales, principalmente en Michoacán, e insertan miembros de la organización criminal en los tres niveles de seguridad pública para controlar sus acciones.

“Servidores públicos, entre los que se encuentran, Miguel García Hurtado — Procurador de justicia de Michoacán en funciones al momento de su detención y hombre cercano al ex Gobernador Leonel Godoy desde hace dos décadas— (…) coadyuvaron con ellos de manera consciente y voluntaria, sin que tuvieran la calidad de líderes.

“Protegieron a los miembros de la organización criminal. Les comunicaron la práctica de operativos. Comisionaban elementos de la policía municipal para que les dieran seguridad. Intervenían para lograr la liberación de miembros de la organización cuando fueran detenidos. Contrataban sus miembros en funciones de seguridad pública. Permitían el transporte de cocaína y dinero de la organización. Sacaban vehículos que transportaran armas de los retenes para escoltarlos a su destino”.

El COMPLOT

En Derecho de réplica, de Ahumada Kurtz describe el complot dirigido por políticos del PRI, el PAN y el PRD, destacadamente Rosario Robles, contra Andrés Manuel López Obrador, puntero en la carrera presidencial hacia 2006.

¿Por qué no utilizó Andrés López Obrador la información que hizo pública Ahumada en 2009 para la campaña de 2012?

Es difícil saberlo. Quizá porque Ahumada sostiene que sí se reunió con López Obrador, quien le habría pedido apoyo económico ilegal para la campaña de 2002 por la gubernatura de Tabasco.
Lo cierto es que en las palabras de Ahumada, López Obrador tenía argumentos. Se lee en la página 158:


“Como lo mencioné, Carlos Salinas me dio dinero a cambio de los videos. Antes de entregárselos, me hizo llegar aproximadamente 35 millones de pesos. Me los entregaron Manuel Andrade, entonces Gobernador de Tabasco, Arturo Montiel, entonces Gobernador del Estado de México, Enrique peña Nieto, entonces Diputado del PRI en el Estado de México, Elba Esther Gordillo y Jorge Kahwagi, el boxeador y en ese entonces diputado verde. Entre todos ellos me entregaron esa cantidad de dinero. Diego Fernández [Senador panista en la época] me hizo un primer pago, a cuenta, por la cantidad de 33 millones de pesos el día 19 de febrero de 2004 (…)”.

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