El Vatican Insider, al web del diario italiano La Stampa, publicó un entrevista a un economista argentino sobre la influencia de Francisco en la realidad económico-financiera global. “No se trata de acabar con el capitalismo, sino de poner la economía al servicio del bien común”


FOTO: Agustín D’Attellis, economista argentino

Pubblicato il 26/04/2018

Por ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ

La gran economía, obnubilada por el “dios dinero”, favorece al crimen organizado. Existe un vínculo cada vez más estrecho entre los paraísos fiscales, los grandes bancos internacionales y los grupos delictivos más peligrosos del planeta. Por eso, cuando el Papa critica el capitalismo salvaje y la economía de exclusión, muchos grandes poderes lo ven como una amenaza. Quizás no lo critican abiertamente, pero alimentan la resistencia en su contra.  

Es la convicción de Agustín D’Attellis, economista argentino. Docente de la Universidad de Buenos Aires, especialista en macroeconomía y mercados financieros, en entrevista con el Vatican Insider habla del impacto de “Laudato Si” en el debate económico-financiero mundial.  
  
¿Qué impacto tiene el pensamiento de Francisco en la economía mundial? 
El mensaje del Papa incluido en la encíclica “Laudato Si” apunta a un cambio en los pilares mismos sobre los cuales está sostenido el actual modelo económico-financiero que, en estas épocas de retorno neoliberal en el mundo, empieza a dar cada vez más margen para que el crimen organizado tenga una participación fuerte. A final de cuentas se trata de finanzas y moral. Los mercados financieros se rigen, entre otras cosas, por la competencia pero esta conduce a comportamientos muy cuestionables desde lo moral. Poner en duda estas cosas es enfrentar intereses muy poderosos del mundo real. 
  
Entonces, ¿qué se debería hacer? 
Tenemos que ir a un esquema que ponga al sistema económica al servicio de lo productivo, del empleo, del bien común. Es ahí donde el mensaje del Papa enfrenta intereses reales y no sólo de mafias o de grupos que trabajan en la ilegalidad, sino de un esquema financiero internacional que está al servicio de ellos. No se pueden negar los vínculos estrechos que existen entre los paraísos fiscales, las empresas “off shore” y los grandes bancos internacionales. No sirve de nada denunciar a los paraísos cuando estos operan con bancos reconocidos, con presencia en todo el mundo y que parecieran estar al margen de esto pero no, trabajan en conjunto. Cuando el Papa denuncia el abuso de las finanzas está apuntando al corazón de Wall Street. 
  
Pero a Wall Street no le interesa lo que el Papa tenga para decir, ¿para qué sirve su palara? 
Para empezar a cuestionarnos todas estas cosas, para empezar a armar y organizar fuerzas que contrasten con este modelo enfermo y tratar de ganar la disputa. 
  
Es como la historia de David contra Goliat… 
Si, Francisco es como David pero en un espacio estratégico porque el Papa está ubicado en un lugar que no es menor para poder plantear esta disputa. Igualmente creo que es necesario organizarse desde diferentes sitios. Como la Red Antimafia de Argentina, con movimientos sociales y sindicales, así como con otras organizaciones. No es una unidad sólo de dirigentes, sino una unidad de abajo hacia arriba, para que varios sectores de la sociedad puedan poner en jaque el esquema en su base. No es fácil, porque estamos hablando de personas que manejan cientos de millones de dólares todos los días. 
  
¿Sería descabellado pensar que, tarde o temprano, estos intereses promoverán una resistencia al Papa, aunque no sea abierta y desfachatada? 
Si, porque los grandes grupos de poder económico concentrado ven en la figura del Papa una amenaza. Él está en un lugar estratégico y, con una habilidad importante, cuestiona los fundamentos del sistema sobre el cual estos grupos operan. Es el individualismo por encima de una sociedad pensada en términos de bien común y de conjunto. Eso Francisco lo pone en cuestión y habla de comportamientos colectivos, del otro, de la necesidad concreta de apuntar contra estas herramientas que permiten el crecimiento de las organizaciones delictivas en el mundo.  
  
¿No es una mirada muy teórica, demasiado global? ¿Eso le importa a la gente? 
Toda esa economía macro, obnubilada por el “dios dinero” y corriendo atrás de él, permite que sean cada vez más estrechos los vínculos entre los grandes capitales y el crimen organizado. Pero la consecuencia se da en la microeconomía, en la realidad de todos los días: en ese chico que vende droga y termina matando al vecino por una disputa, en el aumento en los niveles de inseguridad y violencia en los barrios, en las familias. El Papa, desde una visión muy clara del mundo, va en otra dirección. Por eso, la disputa necesariamente pasará a los hechos, porque si bien muchos de estos poderes se cuidan de criticar directamente al Papa por el rol que ocupa y la popularidad que tiene, por abajo se nota que promueven la resistencia a su discurso. 
  
No todos los críticos representan a grandes capitales, una cierta “clase media” dice no comprender al Papa, su crítica al capitalismo salvaje y lo mira con recelo. ¿A qué se debe? 
Ahí es muy importante comunicar, llevar el mensaje de “Laudato Si” a la gente que no lee documentos papales. Ese escrito aborda muchas temáticas, no sólo religiosas, por eso se debe transmitir no sólo desde las estructuras de la Iglesia sino desde otros espacios. De otra manera, sectores de clase media confundidos y empujados por esta lógica del retirarse en el interés por las cosas públicas, del individualismo, terminan siendo víctimas del sistema.  
  
¿Por qué dice eso? 
Por mensajes cruzados que les llegan a estas personas, por ejemplo, terminan criticando la figura del Papa y defendiendo inocentemente, hasta sin quererlo, cuestiones indefendibles como que ciertos funcionarios públicos sean dueños de sociedades “off shore” en paraísos fiscales. Al hacerlo terminan, sin darse cuenta, defendiendo estructuras que tienen un impacto muy directo sobre las operaciones del crimen organizado. Son los mismos grupos que, después, los afectan a ellos mismos en materia de seguridad. En casos como este, grandes sectores de la “clase media” se activan en contra de sus propios intereses. Inocentemente, sin saberlo, por el mar de confusión al cual se los conduce.  
  
¿Se trata de cambiar el sistema o de reformar lo que ya existe? Porque se suele decir que es absurdo cuestionar al capitalismo siendo el único sistema que “realmente funciona”. 
El mundo ya tuvo ese debate de la oposición entre dos sistemas, el capitalista y el socialista. Todo terminó cómo ya sabemos. Hoy por hoy no existe un modelo alternativo al vigente. Entonces deberíamos ir modificando las cosas para evitar que el capitalismo se convierta en salvaje y se ponga al servicio de las mafias que hoy, según algunas estadísticas, manejan negocios por el cinco por ciento del Producto Interno Bruto mundial. Si seguimos así el crimen organizado será cada vez más grande, sus vínculos con el poder cada vez más estrechos, la simbiosis entre la política y estos grupos va a ser completa, los Estados van a trabajar directamente para ellos y terminaremos en sociedades fragmentadas, violentas, invivibles. Eso hay que frenarlo lo antes posible. 
  
¿La palabra del Papa puede ayudar? 
Es muy importante en un contexto difícil. Justo después de la crisis económica de 2008 algunas personalidades habían comenzado a cuestionar el impacto de la desregulación financiera y los paraísos fiscales, pero ahora volvimos atrás. Ante un nuevo auge de la cultura neoliberal, que se torna muy peligroso, la figura del Papa resulta clave. Si no tuviéramos a Francisco haciendo contrapeso con otra visión estaríamos en una situación aún más grave.  
  
¿Es realista pensar que las cosas pueden cambiar? 
El Papa está donde está, llegó donde llegó, pero no podemos pretender que él desde ahí, solo, cambie el mundo. Es una tarea que nos debemos muchos, cada uno desde su lugar, creando células chiquititas pero con la esperanza de crecer, crecer y sumar a otras personas. Sí, el sistema que tenemos es capitalista, pero como lo plantea el Papa debemos empezar a cuestionar estructuras. No se trata de acabar con las finanzas o con el crédito, por ejemplo, sino de transformarlos y hacer que funcionen al servicio de una sociedad mejor.  
  
La “Laudato Si”, ¿tiene algún tiempo de impacto fuera de la Iglesia? 
Creo que sí, me ha tocado estar en varias reuniones en las cuales se cita la encíclica y antes jamás había visto algo por el estilo. Mucha gente que no pertenece a la Iglesia y ni siquiera es creyente toma en cuenta a ese documento, está empezando a influir en diversas ramas del pensamiento. Claro, a nivel de operadores financieros ellos la ignoran completamente, primero porque no la entienden, y luego porque, sin conocerla mucho, la asumen como un enemigo o la etiquetan ideológicamente. Hay mucho de eso.  
  
¿Se estigmatiza la propuesta del Papa? 
Si, a través de las redes sociales y con mensajes cruzados se empieza a instalar cierta estigmatización ideológica hacia la figura del Papa. Ahí es importante hacer un contrapeso. Claro, uno lo intenta hacer desde el contenido y desde el pensamiento filosófico, pero jugás contra unos monstruos capaces de impactar sobre millones de perfiles de Twitter o Facebook con una gran capacidad tecnológica. Pero si todo esto sigue y no lo frenamos a tiempo, puede terminar muy mal.  

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